Introducción
2007-09-11
Hasta la fecha, en blogs previos, nunca me había visto en la necesidad de introducir 27 entradas para aportar la información necesaria. Por ello veo conveniente, antes de nada, escribir unas líneas que a posteriori pueden facilitar la búsqueda de información al futuro viajero.
Este blog o "guía de viajes", basado en la experiencia a bordo del barco de la derecha, está dividido, sin contar esta pequeña introducción, en tres grandes apartados. En primer lugar he confeccionado una información previa (A) donde aparecen los detalles más importantes para preparar una singladura de estas características. Junto con estos detalles, en las primeras entradas, he incluído una sinopsis sobre los atractivos turísticos de la zona y que se complementa con la web de la región de Campania, a la cual se puede acceder desde el link del margen superior derecho de la página.
El segundo bloque (B) es el formado por el planning previo realizado antes de partir y en el que se pretendía establecer las prioridades de la travesía y maximizar los días de navegación. En él se puede encontrar las intenciones antes de zarpar, tanto de las millas a navegar cada día como de los lugares a visitar. Además, en cada una de las entradas aparece un apartado titulado Restauración que puede resultar de gran ayuda para decidirse para reponer fuerzas. Toda esta información ha sido recapitulada de diversas guías de viaje y de información recogida en internet, resultando la valoración posterior (ver comentarios específicos) bastante satisfactoria en los locales visitados.
Por último, el tercer conjunto de apartados (C) refleja el análisis posterior al viaje y información recapitulada en el transcurso del mismo. Aparte de las anécdotas se citan referencias como la metereología en un momento determinado, las posibilidades de fondeo o amarre, el estado actúal de los puntos turísticos consultados en la bibliografía consultada, etc. Información toda que puede extrapolarse en un futuro cercano y facilitar la planificación de quien pretenda repetir esta experiencia.
Adicionalmente, para facilitar el trabajo se ha aplicado a cada entrada una serie de etiquetas lo que permitirá al lector centrar su búsqueda y hacer más amena la lectura al poder eliminar aquella información que considere irrelevante. De modo esquemático la estructura de la guía es la siguiente:
A/ Información previa: 1) Zona, 2) Agencia, 3) Barco, 4) Hotel
B/ Planning
C/ Singladura
Finalmente, como ya se comentó anteriormente, en información previa se puede consultar las características de la embarcación, el Bavaria 50 con el que nos hemos desplazado por esta zona del Tirreno, así como datos sobre la agencia con la que contratamos el servicio y sobre el hotel donde no nos quedó más remedio que pasar noche en Nápoles.
Si áun no estáis lo suficientemente convencidos para lanzaros a esta aventura siempre podéis motivaros accediendo al album fotográfico que se encuentra en uno de los links del margen superior derecho de la página.
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A/ La Zona: De Positano a Amalfi
Engarzado en la montaña, envuelto por la rica vegetación mediterránea, Positano es un pueblito tan pintoresco que parece una escenografía teatral espontánea. Visto desde el mar parece como un gran pesebre, una cascada de casitas multicolores que se desparraman por la ladera.
El pueblo se desarrolla verticalmente. Las casas pegadas unas a otras, caracterizadas por los pórticos de arcos hacia el mar, están pintadas de colores pastel, dando la impresión de ser una piedra preciosa de muchos matices. No por casualidad Positano es llamada “la gema de la divina costa”. Las angostas callejuelas, repletas de boutiques, descienden empinadas entre las casas desembocando en la Marina Grande, una amplia playa. Desde aquí la vista es bellísima tanto hacia el mar como hacia el pueblo que se encarama en la montaña (ver foto inferior).
En la plaza principal de Positano está la iglesia parroquial de Santa Maria Assunta, que data del año mil. La gran cúpula revestida de mayólicas de colores es visible desde todos los rincones del pueblo. Adorables las playitas de Positano, a las cuales se llega a pie en pocos minutos: Fornillo, Fiumicello, Arienzo.
Positano es una meta apreciada para las “vacaciones de los VIP”: en la Villa Sette Santi, del 1940, vivió la pintora Irene Kowaliska, que se inspiró en Positano para sus pinturas sobre tela. La Villa Stella Romana ha albergado entre otros a Juan Pablo II. Personajes ilustres del arte, de la moda y del espectáculo eligen este destino para pasar aquí días de relax.
A pocas millas de distancia de la costa se encuentran Li Galli o “Sirenuse”, minúsculo archipiélago compuesto por tres islotes: el Gallo Lungo, la Rotonda y el Castelluccio que desde siempre pasaban por ser morada de las míticas Sirenas que con sus cantos atraían a los marinos hasta las rocas.
Pero Positano no es sólo mar: agradables excursiones permiten visitar las sugestivas zonas de los Montes Lattari, como Montepertuso, así llamada porque se dice que aquí apareció la Virgen en un hueco de la roca. A través de la escalinata de 1.700 peldaños se llega a Nocelle. Desde esta fracción parte el famoso Sendero de los Dioses, con panoramas encantadores sobre toda la Costa. O bien se llega a la bella Punta San Pietro, donde surge una iglesia cortada a pique sobre el mar.
Sobre una ladera cultivada con vides y olivos se encuentra Furore. El nombre antiguo de toda la zona era Terra Furoris, por el ensordecedor estruendo que, en las noches de tormenta, producían el mar y el viento cuando retumbaban contra las otras paredes del fiordo que descienden casi a pico desde el borde del altiplano de Agerola. La empinada escalinata conduce hacia abajo. El encanto de este tramo de costa es irresistible, con el fiordo clavado entre vides y rocas, casitas minúsculas y el mar.
Praiano, a mitad de la costa en el promontorio de Capo Sottile, era la residencia estiva del dux de Amalfi, testimonio de una vocación precoz del pueblo al veraneo relajante. La parte baja del pueblo se ensancha hacia Marina di Praia, una playa excavada entre dos altas paredes de roca. En Guardia della Marina se encuentra una de las imponentes torres de vigía que constelan la costa.
La vecina Conca dei Marini es un pueblo marinero enrocado en un recoveco marino que ofrece una vista panorámica de suma belleza. Los dos extremos de esta maravillosa bahía son Capo di Conca, dominado por la Torre de Conca erigida en 1500, testimonio de las terribles incursiones de piratas, y la Grotta dello Smeraldo (Gruta de la Esmeralda). El mar irrumpiendo en la cavidad adopta un intenso color verde, que refleja la luz que se filtra bajo las rocas. Esta gruta está llena de estalactitas y estalagmitas, que forman grandes series de columnas calcáreas de más de diez metros de altura.
Desde Conca se puede ir al altiplano de Agerola, a unos 650 metros de altitud, entre bosques y prados. La zona, dotada de praderas florecientes conocidas desde la antigüedad, es célebre por la producción de exquisitos lácteos y por el panorama excepcional que se goza desde lo alto que abarca toda la costa.
En la serenidad azul del cielo y del mar, Amalfi, parece encerrada en el hueco de una mano (ver foto de la izquierda). Arriba, el escenario de los montes, articulado como un fondo marino, moteado de casas; abajo, una trama pintoresca llena de callejuelas y escaleras, hasta la gran plaza donde desde lo alto de la famosa escalinata domina la majestuosa Catedral. Un palco único, donde los recuerdos históricos se enlazan con las bellezas naturales inolvidables. Suspendida entre las faldas de los Montes Lattari y el mar, las pintorescas callejas de Amalfi acogen hoy multitudes de turistas, pero tiempo atrás han vivido los fastos de la potente Republica Marinera que experimentó su máximo momento de esplendor entre el siglo X y el siglo XII, y que logró mantener alejados a Longobardos y Sarracenos. Rica y poblada, Amalfi mantenía un activo tráfico comercial con Oriente. En recuerdo de aquella antigua potencia, hoy cada cuatro años en junio, Amalfi abre sus puertas a la “Regata histórica de las antiguas Repúblicas Marineras”.
Una exploración de Amalfi en busca de lugares menos conocidos deberá incluir los Antiguos Arsenales, donde se construían las famosas galeras con más de cien remos, destinadas a la carga de mercancías provenientes de los mercados orientales.
En el Palacio Morelli, sede del Municipio y del Museo Cívico, se conserva la Tabula Amalphitana, el primer código de derecho de la navegación acordado en los tiempos de la República y válido en todo el Mediterráneo. Aquí se pueden admirar también los famosos cartones de Domenico Morelli, uno de los pintores más célebres del 1800, de los cuales se obtuvieron los mosaicos que ornamentan la Catedral.
Amalfi es famosa también por ser la patria del papel labrado a mano. Las primeras papeleras surgieron a lo largo del Valle dei Mulini (Valle de los Molinos), donde se encuentra el Museo del Papel. Esta zona, atravesada por el torrente Canneto, y cercana al Valle delle Ferriere, un ambiente natural encantador, constituye una Reserva Natural Biogenética. La subida desde Amalfi es ardua pero fascinante. Se descubren los restos de molinos que llevaban el agua a las antiguas papeleras, y una naturaleza que esconde encantos secretos: fuentes y cascadas, claros sobre el mar que se vislumbran en la exuberante mancha mediterránea.
Casi unida a Amalfi, Atrani conserva en la maraña de callejas, escaleras y travesías su tejido medieval. En los tiempos de la República Amalfitana, Atrani estaba habitada por las familias más nobles. Aquí los duxes de la Republica marinera de Amalfi eran coronados y sepultados.
Entre callejas, arcadas, patios, explanadas, con sus “escalinatas” típicas, parece un pequeño pesebre lamido por el mar. Atrani se asoma sobre el agua con el característico perfil de la iglesia della Maddalena (1274) que culmina en el campanario y en la cúpula decorados con mayólicas de vivos colores. La iglesia de San Salvatore de Bireto, en la piazza Umberto I, de estilo neoclásico, fue fundada en el año 940. En esta iglesia se llevaban a cabo las ceremonias de elección y de toma de posesión de los dux de la República.
A la Gruta de los Santos se llega por la carretera estatal. Aquí se pueden ver las ruinas del antiguo monasterio benedictino de los Santos Quirico y Giulitta, fundado en el 986. La pequeña gruta está decorada con frescos de estilo bizantino que data del siglo XII.
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A/ La Zona: De Ravello a Vietri
Una de las gemas de la Costa Amalfitana es Ravello, a 300 metros de altitud, donde efectos de luz y arquitecturas mágicas crean una visión de rara intensidad. Su nombre fue ya inmortalizado en el Decamerón de Boccaccio.
Famosa por su atmósfera de tranquila serenidad, Ravello ofrece joyas arquitectónicas de rara elegancia. Basta con pensar en la Catedral (siglo XI) dedicada a San Pantaleone (foto inferior), donde abundan tesoros artísticos entre ellos la puerta central de bronce, adornada con 54 azulejos. A la derecha de la Catedral una torre cuadrada señala la entrada a la Villa Rufolo. Inmersas en un vasto parque de vegetación mediterránea y exótica, las estructuras originales de la villa datan del siglo XIII; aún hoy se pueden apreciar los aspectos arquitectónicos árabosículos. Estupenda la columnata policroma arabesca del claustro.
El jardín es uno de los más bellos de Campania. La naturaleza y la obra del hombre compiten para crear una atmósfera sumamente sugestiva: avenidas flanqueadas de tilos y cipreses ycascadas de flores. Desde el mirador aparece el inmenso mar. En el jardín de la villa se llevan a cabo todos los años, en verano, los conciertos del Ravello Festival. Wagner se inspiró en el jardín de Villa Rufolo para el jardín de Klingsor de su Parsifal.
Villa Cimbrone era un simple predio rústico. Fue comprado en 1904 por Ernest William Beckett, que lo transformó en una villa de excepcional seducción. Albergó personajes célebres, desde Winston Churchill a Greta Garbo. Una atmósfera particular se respira en el claustro de la villa, que presenta elementos antiguos de estilo arabesículo. El mirador es una terraza que mira al infinito sin igual en el mundo.
Merecen una visita también la iglesia de San Giovanni del Toro, construida en el siglo XII, que acoge un bellísimo púlpito adornado de ricos mosaicos, y la iglesia de Santa Maria a Gradillo, del siglo XII. Interesante el Museo del Coral, que expone obras hechas con corales, camafeos, nácares esculpidos y conchillas, de la época romana al siglo pasado. Muy cerca de Ravello se encuentra Scala, uno de los rincones más pintorescos de la costa. Su Catedral custodia una Deposición lignaria del 1200.
Delicioso centro costero de veraneo, Minori, (izquierda) con sus casitas rosas que dominan la pequeña playa, ofrece al turista también un paisaje espléndido. Por su buena posición sobre la costa, en la antigüedad fue elegida por los Romanos como lugar en donde dedicarse al otium (ocio), como lo testimonian los numerosos restos, entre las cuales la Villa Romana (siglo I d.C.), un grandioso complejo arqueológico (2.500 metros cuadrados): admirables el viridrium, el triclinio-ninfeo, los espléndidos mosaicos. El Museo del Antiquarium conserva piezas que datan del siglo I a.C. En el centro, cerca al pequeño puerto, se erige la basílica de Santa Trofimena, patrona de la ciudad, construida en el siglo XII. Muchas otras iglesias y torres están diseminadas en todo el territorio municipal.
Con su extensa playa y el bonito paseo marítimo, Maiori (izquierda) cuenta con el patrimonio turístico-hotelero más importante de la zona. Ruinas de castillos y torres testimonian su esplendor en el Medioevo, cuando estaba circundada y defendida por murallas y fortalezas. Domina el pueblo, la iglesia de Santa Maria a Mare: el 15 de agosto se conmemora aquí con festejos un evento del 1204, cuando los marineros sacaron del agua una estatua de la Virgen que una nave proveniente de Constantinopla, refugiándose en Maiori, se vio obligada a arrojar al mar. En el altar mayor una escultura de madera del 1400 representa la Virgen con el Niño; una colección de obras de arte está conservada en el Museo della Sacrestía y en la cripta de abajo. De origen medieval es el popular santuario dedicado a la Madonna delle Grazie, reconstruido en el 1700.
Es digno de verse el insólito complejo rupestre de Santa Maria de Olearia, una abadía benedictina edificada en el año mil. En los edificios aferrados a las rocas, en una de las grutas naturales de la zona, se abren salas, capillas, pequeños pórticos con frescos.
Con un paseo en barca se pueden visitar la Gruta Sulfurea y la Gruta Pandora. La primera es rica de agua sulfureo-magnésica con propiedades curativas; en la segunda, el escenario verde esmeralda, las estalactitas y estalagmitas crean un panorama inolvidable.
A pocos kilómetros de Maiori se encuentra Erchie, (derecha) con la torre sobre una roca que separa dos playitas. La abadía benedictina de Santa Maria de Erchie, fundada en el 980 y abolida en el 1451, dio nombre a este lugar, hoy meta de turistas, principalmente en verano. Este pequeño pueblo, con las características casas blancas, las deliciosas playitas y el mar cristalino es el lugar ideal para quien busca un poco de relax a contacto con la naturaleza.
Poco antes de Vietri se encuentra Cetara. Desde siempre fue un pueblo de pescadores, y en efecto, su nombre deriva del latín cetaria, pesca de atunes. Este pueblito de arquitecturas pintorescas blancas, con su playa tranquila, es una de las joyitas de la Costa. Entre la edificación natural de casitas cúbicas surge la iglesia de San Pietro con su cúpula de mayólicas y el campanario del siglo XIII de bíforas.
En la base de la Costa Amalfitana, en la parte que mira hacia el golfo de Salerno, Vietri sul Mare domina desde lo alto el pequeño Valle de Bonea, erigiéndose sobre los bastiones de roca calcárea que descienden hasta la costa. Con sus iglesias de cúpulas revestidas con mayólicas y las pequeñas casas de tejas de cocido, Vietri aparece acurrucada entre el cielo y el mar. En la antigüedad fue una ciudad etrusca, sufrió posteriormente la dominación de los Samnitas, Lucanos y por último de los romanos. La iglesia de San Giovanni Battista, del siglo XVII, con su majestuosa cúpula y el elevado campanario, está situada en el punto más alto del centro histórico.
Vietri es célebre en el mundo por la industria de la cerámica que ya era floreciente en el Medioevo. Artesanos y artistas en el curso de siglos han realizado piezas preciosas, una parte de las cuales se pueden admirar en el Museo de la Cerámica, situado en la torreta – mirador de Villa Guariglia, en la localidad de Raìto.
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A/ La Zona: La Península Sorrentina
El maravilloso escenario natural de la Península sorrentina la convierte en uno de los lugares turísticos más famosos de Italia. Asomándose sobre el Tirreno casi tocando la isla de Capri, se extiende desde Castellammare di Stabia a Punta Campanella, divisoria de aguas entre los golfos de Nápoles y Salerno.
Arte y tradición caracterizan los numerosos poblados, entre los cuales el más conocido es Sorrento: enrocada sobre un imponente promontorio que cae en picado sobre el mar, esta ciudad encantadora conserva importantes testimonios clásicos y medievales, a los cuales se aúnan las arquitecturas del Renacimiento y del Barroco.
No faltan, en esta zona llena de atracciones, lugares donde transcurrir unas vacaciones a la enseña del relax, como las estructuras termales de Vico Equense, uno de los centros más pintorescos de la costa. El gran encanto de esta tierra no son tanto sus bellezas naturales sino el sendero costero que es una de las maravillas del paisaje italiano. Entre cítricos, viñas y olivares que se esfuman hacia el mar, el recorrido sigue el tortuoso perfil de la costa, zigzagueando entre vistas encantadas sobre el golfo de Nápoles, el Vesubio y Capri. La costa es alta, accidentada y rocosa, con las rocas calcáreas que se hacen añicos en un escenario de acantilados, ensenadas y escollos.
Centro famoso por los talleres navales, Castellammare de Stabia (izquierda) también es conocida como una estación termal. El nombre deriva de un castillo medieval (castrum ad mare), término al cual se le agregó el topónimo de la antigua ciudad de Stabiae, destruida por la erupción del Vesubio del 79 d.C. junto con Pompeya y Herculano. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz, también aquí, estructuras antiguas: la necrópolis de Madonna delle Grazie (Virgen de las Gracias) y numerosos edificios romanos, de los cuales Villa San Marco y Villa Arianna están abiertos al público.
Vico Equense, famosa por las estaciones termales y por la piazza de la Annunziata, la única iglesia gótica de la Península sorrentina, Castillo Giusso, fundado por los Angevinos y modificado entre el 1600 y el 1800 y el interesante Antiquarium, donde están exhibidos los materiales arqueológicos (siglos VII-V a.C.) provenientes de una necrópolis.
Desde Vico Equense la carretera estatal se abre paso a duras penas por las pendientes sinuosas de los Montes Lattari. Desde Piano di Sorrento, una terraza natural de roca tobosa, se puede admirar en la lejanía Sorrento y, detrás Punta del Capo, el perfil de Capri. Piano di Sorrento, que desciende hacia el mar con una dulce inclinación, goza de una temperatura más bien fresca también en verano.
La carretera desciende hasta Meta, (derecha) localidad de veraneo y balneario, con las bellas playas de Marina de Meta y Alimuri. En el centro histórico se encuentra la notable basílica de Santa Maria del Lauro. Inmediatamente después se llega a la localidad más célebre de la costa: Sorrento.
La ciudad se yergue sobre un imponente talud de toba, con profundos desfiladeros que caen en picado sobre el mar. Las casas están inmersas en la vegetación y circundadas de naranjales, limoneros y olivares. Los relieves forman un arco que constituyen la larga dorsal de la Península sorrentina. Sorrento (panóramica en la foto inferior) es un centro tranquilo que se puede visitar durante todo el año porque goza de un clima templado, donde predominan los perfumes de sus jardines y las terrazas panorámicas sobre el mar.
La fama turística de la ciudad nace en el 1800 pero su historia tiene raíces más antiguas: el nombre Surrentum deriva de su vinculación con las sirenas y se fabula con la fundación fenicia de la ciudad. Cierto es que en edad romana era la morada predilecta de la aristocracia.
El centro de la ciudad es Piazza Tasso, que toma el nombre del monumento dedicado al autor de la Jerusalén Liberada, nacido en Sorrento en 1544. La Catedral data del siglo XV y se ha reformado después en varias ocasiones. El coro se distingue por su refinada marquetería, técnica de la cual la ciudad jacta una ilustre tradición.
Los restos del pasado están conservados en el Museo Correale di Terranova, alojado en la morada del XVIII de los Correale, “el museo más bello de la provincia de Italia”, según Amedeo Maiuri. Importantes tanto la sección arqueológica, con la célebre Base de Augusto, como aquella medieval, con trabajos marmóreos del siglo X y XI. También cuenta con una vasta colección de muebles, porcelanas y pinturas.
La iglesia de San Francesco, del siglo XVIII, desde la cual se llega a Villa Comunale, un jardín público que se desploma sobre el mar ofreciendo panorama espectacular sobre el golfo de Nápoles. Desde la villa una callecita empedrada conduce a la Marina Piccola, dotada de numerosos establecimientos balnearios y de un puerto desde donde salen los transbordadores e hidroaviones para Capri y Nápoles. La playa más amplia es Marina Grande, meta tradicional de los paseo de los sorrentinos.
Después de Punta del Capo, donde sobre el mar se asoman las ruinas de Villa de Pollio Felice (siglo I d.C., conocidas como Baños de la reina Juana), se llega a Massa Lubrense, concurrida estación climática en posición panorámica. La ciudadela no es tan conocida como los otros centros de la península y no hay tantos turistas; por este motivo mantiene un carácter más apartado conservando sabores y sugestiones desaparecidas en otros lugares, como por ejemplo los viejos caseríos rurales. En los alrededores se encuentra Marina della Lobra, burgo marinero con las casas construidas al reparo de la playa y el pequeño puerto.
Alrededor de Massa Lubrense (derecha) hay muchas localidades adorables: Termini, Nerano, pueblos a mitad de la costa con casas y pérgolas que descienden hacia el mar, la vasta y bellísima Marina del Cantone. Desde Massa se puede continuar hasta el extremo de la Península sorrentina, frente a Capri: la Punta Campanella. En la antigüedad este lugar era un lugar sagrado: quizás precisamente aquí se encontraba el templo griego dedicado a las sirenas de las que hablaban los escritores antiguos. En la edad clásica el templo fue dedicado a Atena; los romanos construyeron luego la carretera que llegaba aquí desde Sorrento. En el tramo final que va hacia la Punta se ven en algunos puntos el empedrado de piedra. El nombre actual de esta localidad proviene de la torre-faro, erigida en 1335 y reconstruida en 1566, que señalaba la llegada de los piratas con el sonido de una campana.
Aquí se descubre el rostro más salvaje y encantador de la costa. Es posible explorar este magnífico ambiente natural siguiendo un sendero que llega a la seductora Bahía de Leranto, una ensenada rocosa a los pies del Monte San Costanzo, hoy propiedad del FAI (Fondo Ambiente Italiano) que tutela toda la zona. Desde Massa Lubrense se puede subir hacia la fracción de Sant’Agata sui Due Golfi de Nápoles y Salerno, y llegar a la antigua ermita carmelita del siglo XVII llamada Desierto.
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A/ La Zona: Las islas del Golfo de Nápoles
Distintas por características naturales y por atracciones, las tres islas partenopeas representan una meta irrenunciable para cualquier turista en busca de emociones: desde los encantos de Procida hasta las termas saludables de Ischia, hasta la mítica Capri, rica de recuerdos romanos inmersos en una naturaleza de excepcional belleza. Lugares legendarios llenos de historia cuyo encanto crece día a día.
Para ir a cualquiera de las tres islas se debe partir de Nápoles o de Pozzuoli. Procida e Ischia, llamadas las “islas flégreas” se encuentran al norte del golfo, delante de Pozzuoli. Capri está frente a la península sorrentina.
Procida, (izquierda) la más pequeña y la menos conocida de las islas partenopeas, conserva casi inalterada su identidad mediterránea. Vinculada con la tradición marinera es el destino ideal en cualquier época del año para los que desean pasar unas vacaciones apartadas, lejos de las rutas febriles del turismo de masa. Geológicamente pertenece al área flégrea que desde la zona oeste de Nápoles llega hasta Cuma.
Su suelo toboso y las costas accidentadas son una demostración de su origen volcánico. Respecto a Ischia y a Capri, renombradas metas turísticas, Procida se presenta en algunos sentidos como una isla para “descubrir”, llena de encantos especiales cobijados por el silencio de sus callejuelas, los colores vivaces de los antiguos edificios, los barrios asomados en racimos sobre los puertos. La abundante vegetación en la cual se cimienta la arquitectura mediterránea, el mar límpido y resplandeciente, las bellas rocas costeras generan escorzos paisajísticos de insólita sugestión.
La Marina di Sancio Cattolico, llamada también Marina Grande, es el punto de atraque de todos los ferries e hidroaviones que llegan desde Nápoles o de Pozzuoli. Sus coloreadísimas casas alineadas sobre el mar son la primera imagen seductora que acoge el turista. Este pueblo de pescadores está dominado por el Castillo que se yergue sobre el margen de la pared tobosa que cae a pico sobre el mar. En el interior de la zona más elevada de la isla, se encuentra Terra Murata, corazón de la isla. Este singular barrio-ciudad, que contiene casas medievales con patios y jardines, iglesias, palacios y un castillo, permaneció casi intacto trescientos años. Internándose por las callejuelas de la ciudadela, uno se embriaga de la magia de los ritmos sin tiempo. Desde el mirador el panorama es encantador.
Es muy característico el puerto de Marina di Corricella, que sorprende con su deliciosa arquitectura de casas enredadas y apiñadas unas contra otras: fastuosas con las típicas escaleras sobre las cuales se abren puertas y ventanas, parecen casi un escenario natural. El lugar preferido de los bañistas es la Marina di Chiaiolella, una bella ensenada semicircular cerrada por el promontorio de Santa Margherita Vecchia. Separado de la Chiaiolella por una breve lengua de mar está el lido de Procida, concurrido establecimiento balneario. Un largo puente une la Chiaiolella con el islote de Vivara, Oasis protegido por WWF. Para visitarlo se debe solicitar un permiso al Municipio de Procida.
Ischia, (derecha) la isla más grande del golfo de Nápoles sigue siendo una de las metas más populares, concurrida durante todas las estaciones por turistas de todo el mundo que se deleitan por su clima particularmente templado. Se la conoce también como Isla Verde, por su paisaje de extraordinaria belleza, por la fertilidad de sus terrenos de los cuales nacen célebres vinos y flores maravillosas.
Además de sus interesantes atracciones paisajísticas y balnearias, Ischia es una meta irrenunciable por sus termas, famosísimas por la calidad de las aguas y por los panoramas que son el marco de establecimientos y parques termales. Sin lugar a dudas encarna el centro termal italiano por excelencia.
El patrimonio de la isla es inmenso: 29 cuencas, centenares de manantiales y fumarolas. Desde hace milenios se explotan las aguas termo minerales para tratamientos terapéuticos lo que ha contribuido a difundir la fama de la isla en el mundo, llamando la atención de los viajeros, fascinados por la idea de poder curarse de modo natural disfrutando de un paisaje espléndido y puro. Junto a las termas, la gloria mayor de la isla es la naturaleza: paisajes que embelesan la mirada, con valles y colinas, escolleras y playas, bosques y montañas.
El centro principal es Ischia, compuesto por dos núcleos, Ischia Porto e Ischia Ponte. El primero es una estación balnearia y termal y la segunda es un burgo característico dominado por el Castillo Aragonés, un conjunto de construcciones de distintas épocas encerrado dentro de una muralla fortificada. Encantadoras las ciudadelas de Casamicciola Terme, zona de las renombradas fuentes termales y Lacco Ameno, también famosa por la capacidad curativa de sus aguas.
Aquí, en la bellísima Villa Arbusto, se encuentra el Museo Arqueológico de Pithecusae, que exhibe piezas de gran valor. En efecto, Ischia fue el primer asentamiento griego en área tirrénica, fundada en el siglo VIII a.C. por los griegos con el nombre de Pithekousa (isla de los pithekoi, “monos”, o de los pithoi, “vasijas de arcilla”). A aquel período corresponden algunas de las piezas más importantes del museo, entre las cuales se destaca la famosa Copa de Néstor. Desde la cripta de la cercana iglesia de Santa Restituta se accede a las excavaciones de una basílica paleocristiana y a las piezas de museo que narran la historia de la isla desde los griegos a los primeros cristianos.
Forio, menos concurrida por el turismo de masa, conserva arraigado el carácter tradicional de pueblo marinero. Aquí, sobre un espolón rocoso, se erige el blanco Santuario de Santa Maria del Soccorso, cuyas formas se inspiran en la arquitectura local. El atardecer en este ángulo paradisíaco, con los destellos rojos del sol que ruborizan los muros blancos de la iglesia, es una experiencia única. El centro del poblado está dominado por un Torreón del siglo XV destinado al Museo Cívico. La playa utópica de Citara es una de las más bellas de toda la isla.
En los alrededores de Forio merecen una visita el espectacular jardín de la Mortella, la villa del músico sir William Walton, diseñada por el ilustre arquitecto paisajista Russell Page. En el lado meridional de la isla se encuentra la encantadora Sant’Angelo, un minúsculo pueblito de pescadores que se convirtió en un elegante centro turístico.
Deben visitarse los municipios internos: Panza, en bella posición panorámica, Serrara Fontana, desde donde salen las excursiones hacia el Monte Epomeo, Barano d’Ischia, sus colinas que descienden dulcemente hacia la extensa playa de los Maronti, constelada de fuentes termales y fumarolas. El Monte Epomeo (788 m) dona a la isla su perfil inconfundible: domina la costa de abajo y regala panoramas trepidantes sobre el Golfo de Nápoles. Sugestiva, una vez llegados a la cumbre, es la visita de la ermita de San Nicola (siglo XV), totalmente excavada en la roca tobosa.
El clima benigno permite, casi durante todo el año, disfrutar de las bellísimas playas de arena de Ischia. Los apasionados podrán explorar los secretos de una cocina arraigada fuertemente en la tradición y la atenta investigación enológica que aquí es una verdadera vocación.
“Uno de los puntos magnéticos del universo”. Así describió el escritor y pintor Alberto Savinio a Capri, (izquierda) una de las islas más famosas del mundo. Es un verdadero milagro la combinación de tierra, mar y luz creada por la naturaleza en este inmenso escollo que emerge de los abismos. Las grutas marinas, los farallones de formas extraordinarias, el verde de la vegetación en las empinadas paredes rocosas, los incomparables panoramas, la mezcla de naturaleza, arte, cultura, frivolidad, la convierten en la más soñada y elogiada de todas las islas.
Capri ha encantado durante siglos a escritores, poetas, músicos, pintores. Muchos directores de cine la han escogido como escenario para sus películas y muchos personajes famosos han llenado las mesas de la célebre “piazzetta”. Uno de los primeros admiradores de la isla fue el emperador romano Tiberio, que pasó aquí sus últimos años de vida. Pero el esplendor definitivo de la isla fue descubierto a mediados del 1800 cuando visitantes de todo el mundo la escogieron como residencia, formando aquella colonia cosmopolita que ha creado el mito de Capri y de la Gruta Azul.
Desde el puerto de Marina Grande, con el autobús, taxi o funicular, se llega a Capri, el centro principal de la isla. La famosísima piazzetta, oficialmente piazza Umberto I, es una sala de estar al aire libre, centro de la vida turística y mundana, es el corazón del pueblo, caracterizado por viviendas con terrazas y pérgolas. Domina la escena la barroca iglesia de Santo Stefano, con sus cúpulas de inspiración árabe y un precioso pavimento romano proveniente de Villa Jovis. A la derecha se encuentra el Palacio Cerio, que data del 1372.
Una de las más notables realizaciones de la arquitectura capresa es el complejo monumental de la Cartuja de San Giacomo. Asomada sobre el panorama de los Farallones, fue construida en el 1300 y ampliada en el 1600. A pesar de las numerosas reconstrucciones conserva las líneas originarias, principalmente, en la parte medieval caracterizada por las bóvedas trasdosadas típicas de Capri.
No están muy lejos los jardines de Augusto, desde los cuales se goza una vista magnífica de los Farallones y de Marina Piccola. El parque, atravesado por veredas y escalerillas, es un oasis verde con un sugestivo mirador. Desde los jardines se llega a Marina Piccola recorriendo vía Krupp, una senda zigzagueante que desciende hacia el mar. Ofrece encantadores claros panorámicos sobre los lechos marinos y los Farallones. El paseo más famoso de Capri es el que conduce hacia el mirador de Tragara, plaza umbrosa que mira hacia los Farallones y Marina Piccola. Debajo de Tragara inicia la calle que desciende hacia los Farallones, los tres famosísimos peñascos. El primero, Stella, pegado a la costa, tiene una altura de 109 metros, el Farallón del medio tiene 81 metros y, el tercero, llamado Scopolo, tiene 104 metros de altura y está habitado por la rara lagartija azul.
Paisajes que quitan el aliento, inmersos en una vegetación exuberante se abren paso a lo largo del paseo que desde Capri llega al Arco Natural, un espectacular arco de roca que cae en picado sobre el mar. Desde una escalinata se llega a la Gruta de Matermania, grandiosa cueva natural que quizás en la edad romana estaba consagrada al culto de Cibeles, la Magna Mater de los Latinos.
Insertada en el paisaje rocoso de punta Masullo se encuentra Villa Malaparte. Edificada a fines de los años treinta por el arquitecto Adalberto Libera, la casa del escritor Curzio Malaparte es todavía extraordinariamente moderna en su proyecto excéntrico.
En la punta nororiental de la isla surge la inmensa Villa Jovis, el testimonio romano más sobresaliente de la isla, construida por el imperador Tiberio. Se llega desde el pueblo de Capri con un largo paseo que toca la pequeña iglesia de San Michele, costeando el panorámico parque de Villa Astarita que conduce a la zona arqueológica.
Las grandiosas ruinas dominan un panorama maravilloso de la Península sorrentina y se asoman hacia un acantilado de 330 metros, el así llamado salto de Tiberio desde donde, según es fama, sus víctimas eran arrojadas al mar. La villa es un amplísimo palacio de varios niveles, con varias estancias (vestíbulo, zona termal, barrios para la servidumbre, aposentos del emperador, locales de representación) reagrupadas alrededor de un núcleo central, ocupado por cuatro tanques gigantescos. En Anacapri se encuentran las ruinas de otra villa imperial, Damecuta.
La otra localidad de la isla es Anacapri, un centro más sobrio y recogido de Capri, con callejuelas graciosas, casas blancas inmersas en el verde y tranquilos hoteles elegantes. El monumento más significativo es la iglesia de San Michele, construida en el 1700 y concebida por Domenico Antonio Vaccaro: bellísimo el pavimento de mayólicas.
Aquí se encuentra la famosa Villa San Michele, construida sobre los restos romanos, de Axel Munthe, el médico y escritor sueco que vivió por más de cincuenta años en la isla. El escritor narró su pasión por Capri en su novela celebérrima “Historia de San Michele”, difundiendo el mito de la isla en todo el mundo. La villa, elegante y original, alberga mobiliario del siglo XVIII, obras de arte y piezas de la época romana. El jardín que la circunda es de una belleza inusitada. Desde Anacapri salen los telesillas y el sendero que conduce hacia la cumbre del Monte Solaro (589 metros), el punto más alto de la isla, desde donde se goza un panorama encantador.
Unas vacaciones en Capri no pueden considerarse tales si no se realiza una excursión a la Gruta Azul, cuya cueva encantada atrae a turistas de todas partes del mundo. Se puede llegar a la Gruta en barca desde Marina Grande o por tierra desde Anacapri: en ambos casos, en los alrededores de la gruta se transborda en pequeñas barcas que pueden penetrar en el angosto acceso de la gruta. Ya conocida por los romanos y redescubierta en el 1800, debe su fascinante atmósfera a un fenómeno geológico que provoca su bajada de unos veinte metros, llevando la entrada casi por debajo del nivel del mar. Filtrada por el agua, la luz crea una excepcional tonalidad de color: un azul intenso que recubre de reflejos plateados todo lo que se encuentra en su interior. No muy grande, 54 metros de longitud, 14 de ancho, 30 de altura, la gruta se prolonga hacia el interior con la Galería de los Pilares, rica de estalactitas.
Con sus caletas encantadoras y escolleras poderosas, Capri ofrece bellísimos establecimientos balnearios acurrucados entre los escollos y algunos accesos al mar desde playas de arena. Los establecimientos en las costas rocosas se encuentran en los Farallones (a los cuales se puede llegar a pie recorriendo un sendero que desciende hacia las pinedas), y en Anacapri en la Gruta Azul y en el Faro. Encontramos playas de arena en Marina Grande, en Marina Piccola y en los Baños de Tiberio. Pero el mejor modo para disfrutar del mar de Capri y de sus incomparables panoramas de sus costas rocosas es un paseo en barca.
A/ La Zona: El Vesubio
Quien dice Vesubio (vista aérea a la izquierda), dice Campania. ‘A Muntagna’ es el nombre que usan los napolitanos para llamar al volcán más famoso del mundo, el símbolo de la ciudad, que custodia con su forma perfecta el golfo de Nápoles. Sobre el cono majestuoso domina una atmósfera inquietante y sugestiva. Un paisaje atormentado, de belleza salvaje, espera al excursionista; y el panorama desde arriba del volcán abraza desde la península sorrentina a Capo Posillipo, regalando emociones inolvidables, con las luces tenues del alba o con aquellas intensas del atardecer.
El Vesubio es el único volcán activo de Europa continental y también uno de los más peligrosos porque el territorio a sus pies está densamente poblado. Las casas llegan hasta los 700 metros de altura. La cumbre de la izquierda es el Monte Somma (1133 metros) y el de la derecha el Cono Vesubiano (1281 metros). Están separados por una depresión que se llama Valle del Gigante, subdividida a su vez en Atrio del Caballo al oeste y Valle del Infierno al este.Los antiguos se habían olvidado que se trataba de un volcán: era conocido sólo por sus excelentes vinos y por la tupida vegetación que recubría la cumbre, pero con la erupción del 79 d.C. adquirió improvisamente notoriedad. Enteras ciudades, como Pompeya y Herculano, fueron destruidas. La última erupción, filmada por las tropas de los aliados, se produjo en 1944. Desde entonces, el volcán “duerme” aunque hoy, en su cráter, se pueden divisar las fumarolas indicando que cualquier día puede despertar de nuevo.En 1991 se decretó la fundación del Parque Nacional del Vesubio, declarado por la UNESCO “Reserva Mundial de la Biosfera”.
El parque abarca toda el área del volcán, el gran sistema arqueológico de Pompeya, Herculano, Oplontis y el Miglio d’Oro (Milla de oro) con sus espléndidos ejemplos de villas del 1700 y del 1800.Muchos itinerarios recorren el Parque, que se diferencian por los paisajes que atraviesan y por el grado de dificultad. El Ente Parque del Vesubio ha realizado para los que aman el trekking 9 senderos, dotados de cuatro tipo de señales: agrícola (sendero 7), panorámico (6), educativo (9) y circular (del 1 al 5 y 8).
Pero la escalada “memorable” es la subida al cráter: el sendero, de media dificultad, sale de Herculano. Tiene 4 kilómetros de longitud y en unas 3 horas se llega a cota 1170 metros con un panorama que abarca todo el golfo y se abre al abismo impresionante del cráter. El cráter mide 600 metros de diámetro y tiene una profundidad de 200 metros. Hoy, se puede subir con un autobús o en automóviles. Las vías de acceso más cómodas parten de Herculano, Ottaviano y Somma Vesuviana. La carretera que sube desde Herculano es el itinerario más interesante por las maravillosas vistas del golfo y por el ambiente natural sugestivo. El primer tramo de carretera sube a través de viñedos. A partir de los 1017 metros se puede continuar a pie, siguiendo un sendero marcado por escorias de lava que llega hasta el borde del cráter.
A diferencia de Pompeya, sepultada por una capa de cenizas y lapilli, Herculano desapareció por una colada de lodo y lava de 25 metros de espesor. El lodo preservó los materiales, sellando todo: la madera, las telas y los alimentos sufrieron inmediatamente una lenta transformación, permaneciendo inalterados dentro de su envoltura, casi petrificados.
En 1709 el príncipe de Elboeuf, al hacer excavar un pozo en una de sus villas, se topó por casualidad con las estructuras del Teatro. El rey Carlos de Borbón ordenó en 1738 el inicio oficial de las excavaciones. La sorpresa más apabullante fue la majestuosa Villa de los Papiros, de la cual se extrajo el patrimonio de esculturas de bronce y mármol (que en la actualidad se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles) y la biblioteca de papiros (más de 1800 libros de temas filosóficos que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Nápoles). En 1927, se inició la excavación de las casas y de los edificios públicos: al norte se llegó al Foro, centro de la vida económica, social y política, al este el Gimnasio, al sur las Termas suburbanas.
Una de las más bellas moradas de la ciudad es la casa del Atrio a mosaico, que debe su nombre al bellísimo pavimento blanco y negro. En el jardín de la lujosa casa de los Ciervos se han encontrado estatuas de ciervos cubiertas de perros, del Sátiro con odre y de Hércules borracho. Las Termas del Foro eran los baños principales de la ciudad. En la casa del mobiliario carbonizado se conserva todavía en su lugar el mobiliario de madera, compuesto por una cama en forma de u y un pequeño comedor. La casa del mosaico de Neptuno y Anfitrites, con la bodega anexa (la mejor conservada), tiene un atrio grandioso y la decoración de mosaico más bella de la ciudad.
La casa de Argo, de dos pisos, tiene un jardín circundado por un pórtico de columnas. De la parte pública se ha excavado el Foro, atravesado por la calle principal (decumanus maximus) y el Sacello degli Augustali (Capilla de los Augustales), decorado con frescos. A lo largo del decumano, los pórticos nos dan la idea de un lugar público de reuniones para los ciudadanos, probablemente la Basílica. Notable, el Gimnasio, un grandioso edificio de edad augustea, con una piscina descubierta en el centro de la cual hay una fuente de bronce que representa una hidra. Fuera de las murallas se pueden admirar las Termas suburbanas. La Villa de los Papiros, excavada sólo parcialmente, se puede visitar mientras el Teatro no está abierto al público. La visita a las excavaciones de Herculano requiere alrededor de medio día.
Pompeya, excavada cuatro quintos de su territorio urbano, es el sitio arqueológico más sugestivo y famoso del mundo. La erupción del Vesubio del 79 d.C. sepultó la ciudad bajo una capa de cenizas y lapilli de 6-7 metros de espesor. La mayor parte de los habitantes que habían escapado de sus casas encontraron la muerte en el litoral. Los pocos que permanecieron, con la vana esperanza de salvarse escondiéndose en los subterráneos de sus casas, murieron asfixiados: los vaciados de sus cuerpos agonizantes, obtenidos colando yeso líquido en las cavidades dejadas por los cuerpos en la capa de cenizas, constituyen un testimonio conmovedor de la tragedia.
Pasear por las excavaciones pompeyanas es una experiencia única. Es como realizar un viaje en el tiempo: se respira la atmósfera de la vida en la antigüedad, aquella pública, y principalmente aquella privada. El aspecto más sorprendente, en efecto, es el elevado número de casas, lujosas o humildes, conservadas con todo el conjunto de talleres, hosterías, hornos.
Lo más impresionante es que muchos objetos permanecieron intactos, permitiéndonos descifrar los aspectos más íntimos de la vida de los antiguos. En verano, al Superintendencia Arqueológica de Pompeya, en colaboración con la Región Campania y la Concejalía de Bienes Culturales, organiza paseos nocturnos en las excavaciones. A lo largo del recorrido se revelan los lugares más sugestivos de la Pompeya nocturna, con música de fondo de Ennio Morricone. Un espectáculo multimedia reconstruye las dramáticas fases de la erupción.
El Foro era el centro neurálgico de la ciudad: una gran plaza rectangular (38 x 142 metros), pavimentada en travertina y cercada en tres lados por un porticado. Hacia la plaza se asomaban el Capitolium (el templo dedicado a Júpiter), el Templo de Apolo, construido en torno al siglo III a.C. y formado por un pórtico con 48 columnas iónicas, y la Basílica, el edificio público más importante, sede del tribunal y centro de la vida económica. También daban al Foro el Templo de Vespasiano, dedicado al culto imperial, los Graneros donde se recogían los cereales para la venta, y el Macellum, el mercado cubierto de los alimentos frescos, como carne y pescado, con tabernae (es decir, talleres) en el interior.
Cerca se encontraban las Termas del Foro, divididas en dos secciones: la de los hombres y la de las mujeres, con la calefacción central en común. La arteria ciudadana más importante era la vía de la Abundancia, (el nombre es moderno como todos los de Pompeya), hacia la cual se asoman los talleres artesanales, tabernas, posadas, tintorerías. En esta calle se encontraban las Termas Estabianas, la estructura pompeyana más antigua. No muy lejos estaba el conocidísimo lupanare (burdel), un edificio de dos pisos con pinturas e inscripciones que retrataban este mundo y los servicios que se ofrecían a los clientes.
Entre las viviendas, la casa del Fauno es la más bella por la elegancia de su arquitectura y por los famosos mosaicos que la adornaban, como el de la representación de La batalla de Alejandro y Darío, una obra maestra que está expuesta en el Museo arqueológico de Nápoles. La casa de los Vettii, admirada por los espléndidos frescos que adornan sus paredes, pertenecía a dos mercaderes: Aulo Vettio Restituto y Aulo Vettio Conviva.
Desde la casa de Menandro, que debe su nombre a una pintura que representa al comediógrafo griego Menandro, proviene una riquísima colección de objetos de plata de calidad excepcional (hoy expuestos en el Museo Arqueológico de Nápoles).
Uno de los edificios más importantes de Pompeya es la Villa de los Misterios, célebre principalmente por sus pinturas. La más conocida es el fresco que da el nombre a la casa: veintinueve figuras de tamaño natural representadas en colores vivaces sobre un fondo rojo, quizás una escena de iniciación al culto dionisiaco o a los misterios órficos.
En el barrio de los teatros han salido a la luz el Teatro Grande, donde en verano se organizan espectáculos y el pequeño Odeion. Cerca se encuentra el Templo de Iside. Un epígrafe demuestra que el Anfiteatro es el más antiguo entre aquellos que conocemos. Aquí se llevaban a cabo los juegos entre gladiadores y las luchas con animales. Al lado del Anfiteatro está el Gimnasio Grande, construido bajo el dominio de Augusto y usado para ejercicios de gimnasia. Consiste en una amplia área cuadrada circundada por pórticos, que tiene una piscina en la parte central equipada también para saltos. Es muy emocionante la visita al atardecer de la vía de los Sepulcros, la calle flanqueada de monumentos fúnebres que conducía a Herculano. La visita a las excavaciones de Pompeya requiere por lo menos una jornada entera.
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A/ La Zona: Nápoles, ciudad de mil caras
2007-09-10
En Nápoles (vista aérea a la izquierda) son innumerables los tesoros artísticos que se pueden visitar: el centro histórico, patrimonio mundial tutelado por la Unesco; los palacios, las iglesias, las catacumbas y los pasadizos subterráneos, el Museo Arqueológico; los lugares del poder medieval y renacentistas adensados alrededor de Castel Nuovo y el Palacio Real; el paseo marítimo inolvidable, desde Castel dell’Ovo a Posillipo. El área de las colinas del Vomero propone, en las sedes restauradas y aprestadas de manera ejemplar del Palacio Real de Capodimonte y de la Cartuja de San Martino, colecciones de museo entre las más Importantes del mundo.
Nuestro recorrido a la descubierta de la ciudad comienza en el núcleo histórico, que conserva la antigua estructura grecorromana, para luego proseguir hacia los lugares del poder medieval y renacentista aglomerados alrededor de Castel Nuevo y el Palacio Real. Recorreremos luego el célebre paseo marítimo desde Castel dell’Ovo a Posillipo.El “ombligo” de Nápoles es el centro histórico grecorromano: una planta de cuadrícula dividida por tres arterias viales, los “decumanos”, cortados en ángulo recto por calles llamadas “cardini”. Es aquí donde late el corazón de la ciudad: las callejuelas, los talleres de los artesanos, las innumerables maravillas artísticas que aparecen inesperadamente en las esquinas, las voces de los napolitanos. Aquí encontramos también el centro “cultural” de Nápoles, con la Universidad en vía Mezzocannone, los cafés literarios de la piazza Bellini, las librerías de Port’Alba, el Istituto Italiano per gli Studi Storici en vía Benedetto Croce.
Piazza del Gesú Nuovo es la puerta de entrada al corazón del casco antiguo. La guglia dell’Immacolata (la aguja de la Inmaculada) del 1747 y la iglesia del Gesù Nuovo (foto de la derecha), que conserva en la fachada el aparejo almohadillado del siglo XV del Palacio Sanseverino (antes de ser una iglesia, el edificio perteneció a la familia Sanseverino, que había construido aquí su “palacio real”), nos introducen en la religiosidad barroca de la ciudad. La iglesia en su interior tiene un balaustro de mármoles, estucos y frescos y obras de Francesco Solimena, Luca Giordano y Máximo Stanzione.
A pocos pasos se encuentra la austera iglesia de Santa Chiara, que la hizo construir Roberto de Anjou en 1310 en estilo gótico provenzal que quedó difuminado al añadírsele una elaborada ornamentación barroca a mediados del 1700. Dañada por los bombardeos del 1943, fue posteriormente restaurada manteniendo su estilo original de austeridad. En la iglesia se conservan los monumentos funerarios (siglo XIV) de la familia real angevina, obra de escultores de la escuela toscana.
Vale la pena visitar el célebre Claustro de las Clarisas, (izquierda) diseñado por Domenico Antonio Vaccaro. Aquí Nápoles se vuelve improvisamente silenciosa y perfumada de glicinas y narcisos; amarillo, verde y azul son los colores de las extraordinarias mayólicas que recubren las columnas octagonales y los asientos sobre los cuales los “riggiolari” (decoradores de cerámicas) napolitanos Donato y Giuseppe Massa han pintado escenas agrestes y mitológicas.
En vía Benedetto Croce se encuentra el Palacio Filomarino della Rocca del siglo XIV donde vivió Benedetto Croce que fue el fundador del Istituto Italiano per gli Studi Storici que hasta el día de hoy sigue siendo un ferviente centro de estudio con su riquísima biblioteca.
Piazza San Domenico es uno de las proyectos urbanísticos más notables de la edad aragonesa donde coexisten eficazmente distintos estilos arquitectónicos: la iglesia (siglo XIII), iglesia “oficial” de la dinastía aragonesa de la cual se conservan los sarcófagos; la guglia de San Domenico (siglo XVII) y las bellísimas fachadas del Palacio Corigliano (siglo XVIII) donde hoy se encuentra la sede del Instituto Universitario Orientale y el Palacio Sansevero.
En piazzetta Nilo se yergue la estatua helenística del Nilo, encontrada en el Medioevo y sobre nominada afectuosamente por los napolitanos como Cuerpo de Nápoles. Aquí surge la iglesia de Sant’Angelo a Nilo. Construida en 1385 y modificada en el 1700, conserva en su interior el bellísimo sepulcro renacentista del Cardenal Rinaldo Brancaccio, obra de Donatello, Michelozzo y Pagno di Lapo realizada en Pisa en los años 1426-28 y enviada a Nápoles por mar, además de otras obras de arte del 1400 y del 1500.
Paseando por la vía San Biagio dei Librai (conocida como Spaccanapoli) se puede curiosear en los numerosos negocios de antigüedades, decoraciones sagradas y joyerías. En el número 114 nos topamos con una obra maestra del tardo-manierismo del siglo XVII, la Capilla del Monte di Pietà que se encuentra dentro del monumental Palacio Carafa. El interior de la iglesia fue pintado al fresco por Belisario Corenzio con la participación de Luigi Rodríguez y Battistello Caracciolo.
Casi escondida en una callejuela lateral de vico San Domenico encontramos la pequeña pero extraordinaria Capilla Sansevero que merece ser visitada por su espectacular complejo barroco. En un triunfo de singulares obras de arte está conservada la escultura del Cristo Velado, obra de Giuseppe Sanmartino: el efecto, el tratamiento virtuosístico del mármol y los juegos de luces la convierten en una verdadera obra de arte. Y después, ¿Como no interesarse por los inventos y las máquinas anatómicas expuestas, que han engendrado leyendas (fantasiosas) que pintan al príncipe de Sansevero como un hechicero o un demonio?
Vía San Gregorio Armeno, con su escenario bullicioso, es el corazón de la Nápoles artesanal, caracterizada por el campanario colgante de la iglesia homónima. En los meses previos a Navidad, San Gregorio Armeno se convierte en la calle más vivaz de todo el centro histórico y se llena de tenderetes que venden estatuitas y decoraciones para el pesebre.
Junto a las tradicionales imágenes del Niño Jesús, de la Virgen María y de San José, los artesanos compiten por exponer estatuillas de personajes de la actualidad. En el convento de San Gregorio Armeno, anexo a la iglesia, caracterizada por su suntuosa nave barroca y por su extraordinario techo de madera, merece una visita el claustro inmerso entre jardines, huertos y una plantación de cítricos.
Al final de la vía de los pesebres nos encontramos en el corazón de la ciudad grecorromana, en la zona que fue ágora y foro, donde se observan claramente los restos de la estratificación. El centro de esta estructura fue la actual piazza San Gaetano, donde se encuentran la iglesia de San Paolo Maggiore, construida entre los siglos VIII y X y la iglesia de San Lorenzo Maggiore (foto de la nave central a la izquierda), que presenta en el claustro excavaciones grecorromanas (una curiosidad: aquí el poeta Giovanni Boccaccio encontró a su Fiammetta, dama napolitana de la que se enamoró apasionadamente, el Sábado Santo del 1336).
El viaje en las entrañas de la Nápoles subterránea es una experiencia fascinante llena de secretos, historias y leyendas de la ciudad. Se desconocen las dimensiones reales de la Nápoles oscura pero los espeleólogos han censado en los últimos años alrededor de 700 cuevas que se extienden a lo largo de un espacio que abarca un millón de metros cúbicos. Para iniciar un viaje atrás en el tiempo se puede iniciar desde la piazza San Gaetano, en el corazón del casco antiguo, un recorrido de dos horas a través de galerías y cisternas. Interesante el teatro grecorromano que se puede visitar a través de la pintoresca entrada desde un “bajo” en vico Cinquesanti. Desde el claustro de la iglesia de San Lorenzo Maggiore recorriendo unos pocos pasos se retrocede 2600 años atrás en la historia entre las piedras de las murallas griegas. Por último, en los Quartieri Spagnoli (Barrios españoles) se desciende por una escalera a 40 metros de profundidad hasta llegar a las cisternas de los antiguos acueductos que se convirtieron en refugios durante los bombardeos de la II Guerra Mundial.
En via Tribunali, a la izquierda se encuentra la pequeña iglesia de Santa Maria del Purgatorio ad Arco que se destaca por su profusa decoración barroca. Las esculturas de bronce de calaveras y tibias delante a la iglesia simbolizan la devoción del pueblo napolitano por las “almas en pena” llamadas “pezzentelle” porque murieron en la más mísera soledad. Un poco más adelante se encuentra la iglesia y el ex convento celestino de San Pietro a Majella, que desde el 1826 es la sede de uno de los más ilustres conservatorios de música de Italia. Bellísimas las telas de Mattia Preti, que se tienen como ejemplos cumbres de la pintura italiana del siglo XVII.
La piazza Bellini es uno de los rincones más animados de Nápoles principalmente de noche, por la gran cantidad de cafés literarios. En la dirección opuesta, al final de vía Tribunali, surge la iglesia dei Girolamini, desde la cual se accede a la homónima Quadreria (galería de cuadros) que encierra varias obras de los siglos XVI-XVIII.
Vía dei Tribunali cruza vía Duomo (interior a la derecha), que toma su nombre de la Catedral (el Duomo), de estilo gótico finalizada por Roberto de Anjou en 1313. La fachada original, que se derrumbó junto con el campanario durante el terremoto del 1349, fue modificada varias veces. Su interior, de cruz latina y tres naves, está ricamente decorado. La nave central refleja las intervenciones del siglo XVII de tipo barroco. La nave izquierda conduce a la antigua basílica paleocristiana de Santa Restituta fundada en el siglo IV por el emperador Constantino, que hoy presenta una escenográfica reforma barroca, realizada luego del terremoto de 1688. A la basílica paleocristiana, la Stefania, (siglo VI) se cree que pertenezcan los amplios fragmentos de pavimento musivario. Se pueden visitar los restos arqueológicos de la edad griega y romana que están debajo de la iglesia de Santa Restituta.
A la derecha del ábside se encuentra la entrada al Baptisterio de San Giovanni in Fonte, erigido entre los siglos IV y V y, por lo tanto, el edificio de este tipo más antiguo de todo el occidente cristiano. En la planta cuadrada se encuentra una cúpula decorada de mosaicos. Además de las capillas medievales donde abundan frescos y decoraciones, merece la pena visitar la Capilla del Tesoro de San Gennaro, construida entre 1609 y 1637. En la suntuosa decoración pictórica participaron los artistas más renombrados de la época (Fanzago, Domenichino, Ribera, Lanfranco). La fastuosidad de la capilla está evidenciada por los preciosos decorados y por los enormes relicarios con bustos de plata. Es aquí donde se expone durante dos semanas el relicario con la sangre de San Gennaro en ocasión del milagro de la licuefacción de la sangre.
A la derecha de vía dei Tribunali se encuentra el complejo del Pío Monte della Misericordia, fundado en 1601 y una de las instituciones benéficas más antiguas de la ciudad. La iglesia octagonal aloja, en su altar mayor, el extraordinario retablo con Las obras de la misericordia, obra maestra de Caravaggio. También vale la pena visitar la Quadreria, que se construyó a lo largo de los años gracias a las donaciones. Entre los mayores artífices de esta colección, encontramos al pintor Francesco de Mura, que en 1782, dejó el legado de 192 pinturas (hoy se conservan 42).
Al final de vía dei Tribunali, nos encontramos de frente a Castel Capuano, el castillo más antiguo de los cuatro que ostenta Nápoles. Realizado en época normanda, se convirtió posteriormente en el tribunal de justicia, función que sigue desempeñando en la actualidad. Aquí se encuentra también una de las puertas de Nápoles, Porta Capuana; erigida en 1484 era la entrada oriental más importante de la ciudad. Aquí y en la cercana Porta Nolana, en los alrededores de la Estación ferroviaria de piazza Garibaldi, encontramos dos de los mercados más pintorescos de la ciudad especializados en la venta de pescado, fruta y verdura.
No muy lejos de aquí se encuentra la iglesia de San Giovanni a Carbonara construida entre el 1343 y 1418. Son interesantes de ver las elegantes capillas Caracciolo del Sole (1427) y Caracciolo di Vico (1516) y el grandioso monumento fúnebre di Ladislao de Durazzo (1428), rey de Nápoles.
La última etapa es piazza Mercato, uno de los lugares cruciales de la historia napolitana. Fue en este lugar que en 1268 fue decapitado Corradino de Suevia, y en el 1647 Masaniello reunió al pueblo durante el motín contra los españoles que él mismo capitaneó. La piazza está dominada por una de las más populares y veneradas iglesias de Nápoles, la basílica de Santa Maria del Carmine, dedicada a Santa Maria la Bruna. En su honor, todos los años en el mes de julio tiene lugar una fiesta con espectáculos pirotécnicos que se concluyen con la quema del campanario más alto de la ciudad (75 metros). En vía Nuova Marina, por último, aparece el puerto, iniciado por Carlos II con la fundación del Molo Angioino (Muelle Angevino) y ampliado a lo largo de los siglos hasta la primera mitad del 1900 cuando adquirió las dimensiones actuales.
Castel Nuovo (llamado así para distinguirlo de las residencias reales más antiguas, Castel dell’Ovo y Castel Capuano) es conocido también como el Maschio Angioino (foto de la izquierda). La imponente fortaleza, iniciada en 1279 por Carlos I de Anjou fue luego reedificada bajo el dominio de los Aragoneses. Tiene una planta trapezoidal y está circundada por un foso, donde se apoyan los cimientos de las otras cinco torres cilíndricas. El Arco de Triunfo indica el acceso al castillo y constituye su ornamento principal. Fue erigido para celebrar la entrada triunfal en la ciudad de Alfonso de Aragón en 1443. Castel Nuovo sobresale en el centro de piazza Municipio. En la parte alta de la plaza se yergue el Palacio San Giacomo, sede del Municipio de Nápoles, que incorpora la iglesia de San Giacomo degli Spagnoli del siglo XVI. Detrás del altar mayor se encuentra la tumba monumental del virrey Pedro de Toledo.
Esta zona, en la que se encuentra entre Castel Nuovo y el Museo Arqueológico Nacional, pasando por vía Toledo, es el centro de Nápoles, la parte de la ciudad que los napolitanos consideran la más representativa y que alberga algunos de los monumentos símbolo de la ciudad: el Maschio Angioino, el Palacio Real, la piazza del Plebiscito, el Teatro San Carlo, la Gallería Umberto I, el Museo Arqueológico Nacional.
La Gallería Umberto I (1887-1890) tiene un impresionante techo de vidrio y hierro, de 57 metros de altura, acompañado por un elegante pavimento de taraceas marmóreas. En su interior abundan los negocios, cafés y librerías. Englobada en la manzana de la galería, la iglesia de Santa Brígida conserva en la cúpula el bellísimo fresco de Luca Giordano, El paraíso.
El Teatro San Carlo, inaugurado el 4 de noviembre de 1737, con ocasión de la onomástica (día del santo) de Carlos de Borbón que había deseado la construcción, es el teatro lírico más antiguo del mundo. En 1816, un incendio dañó parcialmente el edificio, que fue reconstruido por Antonio Niccolini, el arquitecto que había realizado también la fachada. En la primera mitad del 1800, el Teatro San Carlo vivió una temporada memorable de esplendor, gracias al empresario Domenico Barbaja que contrató músicos como Gioachino Rossini y Gaetano Donizetti.
Saliendo del Teatro San Carlo nos encontramos en la piazza Trieste e Trento (antigua piazza San Ferdinando), donde surge el histórico café Gambrinus, fundado en 1860, convirtiéndose en el refugio de poetas e intelectuales. La iglesia barroca de San Ferdinando, se asoma a la misma plaza, es el escenario de una gran tradición: todos los Viernes Santos se lleva a cabo el Stabat Mater de Pergolesi.
Atravesando la piazza Trieste y Trento se desemboca en la famosa piazza del Plebiscito, la más amplia de la ciudad, marco espectacular de eventos culturales y conciertos. La iglesia de San Francesco di Paola se caracteriza por su columnata neoclásica y su interior está inspirado en el Panteón de Roma.
En el centro de la plaza las dos estatuas ecuestres de Carlos de Borbón (obra de Antonio Canova) y de Fernando I miran hacia el gran Palacio Real. Concebido por Domenico Fontana, las obras iniciaron en el 1600. Fue enriquecido por Gioacchino Murat y Carolina Bonaparte con obras de arte y mobiliario neoclásicos provenientes en parte de las Tuileries. En 1837, sufrió daños por un incendio siendo restaurado posteriormente por Gaetano Genovese.
Desde piazza del Plebiscito nace vía Toledo, el eje principal de la expansión urbana deseada por el virrey Pedro de Toledo en 1536. Para muchos napolitanos la vía se llama, simplemente “Toledo”, para otros es vía Roma (fue llamada así desde el 1870 hasta 1980). Vía Toledo es una de las calles principales de la ciudad, caracterizada por la presencia de iglesias y palacios antiguos, como el Carafa de Maddaloni (1582) y el Doria D’Angri (1755), fruto del genio de Luigi Vanvitelli. Desde su balcón, Giuseppe Garibaldi, proclamó la anexión del Reino de las Dos Sicilias al Reino de Italia.
Al lado de vía Toledo y a los pies de la colina de San Martino se desarrolla la tela de araña de los Quartieri Spagnoli (Barrios Españoles). Al llegar a la piazza Carità, se debe hacer una desviación para visitar dos joyas del arte renacentista: la iglesia de Monteoliveto y la de Santa Maria la Nova. La iglesia de Monteolivo o Sant’Anna dei Lombardi, construida en 1400, conserva en su interior la simplicidad y el rigor formal de la estructura original. El altar Del Pezzo y el altar Liborio son dos obras maestras de la escultura renacentista.
El último tramo de vía Toledo desemboca en piazza Dante (derecha). Ornamentada con el monumento a Dante (1872) de Tito Angelini, está delimitada por el hemiciclo del Foro Carolino, construido por Luigi Vanvitelli. A la izquierda del hemiciclo se encuentra Port’Alba (1625), desde donde se accede a la vía de igual nombre, reino de algunas de las librerías más antiguas de Nápoles, puerta de entrada al Nápoles histórico.
Cerca de la piazza Dante está el Museo Arqueológico Nacional, el museo más importante de arqueología clásica. Carlos de Borbón colocó en este palacio (el antiguo “Palazzo degli Studi”, es decir la universidad) la más grande colección de arte de Italia, la colección Farnese heredada de su madre Isabel. A lo largo de los años a este patrimonio se agregó la colección arqueológica más grande del momento, los restos de las ciudades y de las villas sepultadas por el Vesubio en el 79 d.C.
Desde el Museo se irrumpe repentinamente en piazza Cavour: desde aquí nace vía Foria que atraviesa los popularísimos barrios Sanità, Vergini y Sant’Antonio. En esta zona merece una visita la bella iglesia del siglo XVII de Santa Maria della Sanità, con la suntuosa escalinata de dos tramos que enmarca la cripta.
Desde la iglesia se entra en las catacumbas de San Gaudioso. En el barrio se encuentran el Palacio dello Spagnolo (del Español) y el Palacio Sanfelice del siglo XVII, arquitecturas de impronta teatral que se tomaron como modelo para instalaciones teatrales, ambos obra de Ferdinando Sanfelice.
Más adelante vía Foria llega al Orto Botánico (Jardín botánico). Creado en 1807 por Giuseppe Bonaparte, fue concebido originariamente como instrumento para el conocimiento de las plantas útiles a la agricultura y al comercio y de aquellas oficinales.
Volviendo hacia al Museo Arqueológico, se sube hacia Capodimonte recorriendo Santa Teresa degli Scalzi. Al lado de la gran iglesia de la Incoronata del Buon Consiglio se encuentran las catacumbas de San Gennaro, una de la más antiguas y sugestivas de Campania. Continuando, en la cumbre de la colina se llega al gran Palacio Real de Capodimonte, que alberga el museo homónimo.
El paseo marítimo entre Castel dell’Ovo y Posillipo (ver foto de la izquierda), con el panorama del Golfo, el Vesubio y las islas, es la imagen más famosa de Nápoles. El perfil de la costa está dominado por las macizas murallas de toba de Castel dell’Ovo, el más antiguo de la ciudad, que se levanta sobre el islote de Megaris, enfrente al famoso barrio de Santa Lucia. Hoy conectada a la tierra firme por un puente, esta isla fue elegida por el patricio romano Licinio Lúculo para construirse su villa. Fue transformada en un convento por los monjes de san Basilio (492 d.C.). En el siglo XII, con los normandos, se convirtió finalmente en un palacio real fortificado. Habitualmente se organizan exposiciones en las salas que se han conservado excepcionalmente a pesar del paso del tiempo.
A los pies de las murallas del castillo se encuentra el Borgo Marinari (vista del puerto deportivo en la foto de la derecha), creado en la segunda mitad del siglo XIX para albergar a las familias de los pescadores y a sus embarcaciones. Hoy el barrio está lleno de restaurantes y bares de moda y de clubes náuticos muy frecuentados principalmente por la noche convirtiéndose en una especie de refugio del bullicio caótico de Nápoles. Lo cierto es que la iluminación de los locales le confieren un ambiente especial, muy distinto del espíritu que emana de la ciudad.
El lungomare de Posillipo se prolonga durante varios kilómetros hasta Marechiaro, dónde un poco más adelante se encuentra la Isola de Nísida.
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A/ La Agencia
El principal aspecto a cuidar y a elegir, una vez que determinamos nuestro destino y el número de personas que vamos a realizar el viaje, es el de la agencia. En estos últimos años se ha experimentado un progresivo interés por el turismo náutico y muchas empresas ya ofertan destinos exóticos con la posibilidad de navegar con o sin patrón.
En la búsqueda de agencia que dispusiese de flota que se ajustase a nuestras necesidades se fueron cayendo paulatinamente diversas agencias. Algunas por carecer de la infraestructura adecuada, otras por no ofertar precios competitivos y la mayoría por haber cubierto ya el cupo para este verano. Finalmente nos decidimos por Denilo, S.L. al ser una de las pocas empresas que todavía disponía de embarcación para nueve personas y también por poder cerrar el presupuesto más económico.
Denilo, S.L. es una empresa dedicada al alquiler de barcos de recreo y al turismo náutico. Con más de diez años de experiencia en el sector ofrece un servicio de máxima calidad y seriedad, y una de las ofertas más completas, variadas y originales. Además de destinos nacionales, principalmente en la Costa del Maresme, ofrece otros fuera de nuestra costa desde la Polinesia hasta el Caribe. Los datos completos de la empresa son:
DENILO - Alquiler de Barcos S.L.
Port Mataró, Local 38
08301 Mataró (Barcelona)
Tel. 937 419 101 Fax 937 419 226
Mail: denilo@denilo.com
Además de obtener informes previos, la principal recomendación a la hora de buscar charter es la anticipación. Como decía, en estos últimos años la demanda es muy alta y la gente interesada suele empezar a reservar con mucha prontitud. Conseguir barco empezando a buscar en el mes de abril es imposible. Lo aconsejable es empezar a mirar al comienzo de año, lo que exige tener muy claro la zona, tripulación, patrón, etc.
Por no haber sido lo suficientemente previsores nuestra idea inicial de contratar un catamarán no fue factible. Afortunadamente pudimos finalmente encontrar una embarcación de 50 pies para poder acomodar al elevado número de pasajeros interesados en realizar el chárter.
Probablemente conseguimos barco, empezando a buscar en el mes de marzo (demasiado tarde), al tener la suerte de dar con esta agencia, que como otras muchas, también hace de intermediaria con empresas que se encuentran en otros puntos alejados a su zona de influencia.
Para aquellos destinos no nacionales, en lugar de contar con flota propia, Denilo, S.L. ejerce de intermediario entre el cliente final y la empresa griega Kiriacoulis Mediterranean; que es la encargada de proporcionar todos los servicios: barco, patrón, extras. Aunque con domicilio social en Grecia, ofrece charter en casi todo el Mediterráneo (Grecia, Turquía, Croacia, Italia, Malta y Francia) y en el Caribe.
El procedimiento es sencillo. Denilo firma el contrato de intermediación con el cliente y le facilita el de alquiler de la embarcación, en los términos solicitados, con Kiriacoulis. Para agilizar los trámites toda la operativa la gestiona directamente Denilo.
Como decíamos, se han testado otras empresas recomendables como Dansailing, Starnautic, FirstYacht, Yachtbooker, Aproache. Todas con oferta en Italia pero sin catamaranes disponibles, al igual que Denilo, y sensiblemente más caras. De todos modos, siempre está bien tenerlas en mente para próximas singladuras.
Nuestra valoración a posteriori es muy positiva en lo referente a Denilo pero no tanto con Kiriacoulis en destino. Mientras el trato de la primera ha sido enormemente profesional y diligente nos hemos sentido muy molestos con algún detalle de Kiriacoulis. El más desagradable la entrega de la embarcación con defectos en el mecanismo eléctrico del ancla y en la bomba de uno de los WC.
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A/ El Barco
Una vez hemos determinado la zona de navegación y la ruta, tenemos que decidirnos por la embarcación. Esta decisión estará influida por lo primero. Para navegaciones de más de 50 millas diarias como promedio y distancias similares de la costa, deberemos, por lo menos, contar con una eslora de 11 metros, a fin de reunir las mínimas condiciones de confort. Para personas que hayan navegado poco o para aquellas que se sientan todavía inseguras, recomendamos un velero con un motor respetable.
Cuando nuestra ruta transcurra por zonas de poco viento, agradeceremos asimismo una buena motorización. Por tal entendemos la que resulta de aplicar la siguiente regla, porco ortodoxa pero práctica: para esloras entre nueve y doce metros, multiplicamos los metros de eslora por 3,5 y como resultado obtenemos la potencia en HP que deberá corresponder a una buena motorización. A modo de ejemplo diremos que, para un barco de diez metros, ésta sería de 35. Un motovelero es, en lo que atañe a las condiciones reinantes en aguas mediterráneas, una decisión poco acertada, ya que en él no se hallará la atracción que proporciona un velero puro ni las prestaciones que ofrece un barco a motor.
En cuanto al tamaño del barco, en la práctica nos encontraremos con que éste nunca es lo suficientemente grande, pero es importante considerar que una excesiva falta de espacio puede producir problemas de convivencia. La necesidad de espacio interior es todavía más importante cuando se navega en épocas del año que obligan a pasar una parte considerable del tiempo en el interior de la cabina. La mayor parte de las embarcaciones dedicadas al alquiler se encuentran entre los nueve y los trece metros.
Mencionaremos someramente alguna de sus características y haremos además otras consideraciones referentes a la tripulación aconsejada. Si se alquila un barco de esta eslora, lo cual sería aconsejable para una tripulación a partir de 8 personas, recomendamos un segundo WC y una buena separación de los diferentes espacios interiores que permita la correspondiente independencia. En cualquier caso y siendo esto válido para todas las esloras, el número máximo de personas que compongan la tripulación dependerá de su interés por dedicarse exclusivamente a navegar, en cuyo caso podrá ser superior que si éste está no tanto en navegar como en el confort y relax durante sus vacaciones.
Para concluir, aconsejaremos igualmente que antes de cerrar un contrato de alquiler se procure conocer personalmente el barco, comprobando que corresponda, con precisión, a sus intereses, ya que en ocasiones lo anunciado no se relaciona exactamente con la realidad.Determinada la zona de navegación, la ruta y la tripulación nuestra primera opción fue la de alquilar un catamarán.
Las razones son varias: mayor habitabilidad, más espacios aprovechables en cubierta, gobierno menos complicado… Los principales inconvenientes son el mayor coste para idéntica eslora y las dificultades de amarre, aunque este último punto no es tan importante al disponer en todo el recorrido de lugares habilitados para el fondeo.
Lamentablemente nos fue imposible localizar ninguna agencia que en el momento de hacer la petición tuviese disponible una embarcación de las características de un catamarán. Por tanto pasamos al plan B. Descartada la opción del catamarán necesitábamos encontrar una embarcación para que nueve personas más el patrón se encontrasen cómodas.
Esto implica que tuviese cinco camarotes dobles y al menos dos baños, por lo que ya estábamos hablando de una eslora de aproximadamente cincuenta pies.
Con estas dimensiones, la elección, con las embarcaciones ofertadas por Denilo, quedaba limitada a un Bavaria 50, la única embarcación con base en la zona y capacidad para diez personas. El resto de veleros eran de 3 ó 4 camarotes (entre 6 y 8 personas), insuficientes para nuestras necesidades.
Espongamos las características y especificaciones técnicas de nuestra embarcación enumerando, asimismo, el equipamiento de serie del que dispone:

Si bien el tamaño y el equipamiento de la embarcación se amoldaron a nuestras necesidades echamos de menos la obligación de llevar depósito de aguas negras así como que las bombas del WC fuesen eléctricas y no manuales. Por otro lado, para un barco de estas características, el diseño no nos convenció en algunos puntos: diseño del mecanismo del ancla, ubicación de la palanca del motor, etc. Bajo mi valoración personal no recomendaría este mismo barco para realizar el viaje, de ser posible optaría por otro de estas características.
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A/ El Hotel
Nápoles es una ciudad enormemente interesante pero también caótica y en ciertos puntos hasta peligrosa. Debido a falta de conexiones aéreas nos vemos obligados a pasar una noche en la ciudad y elegir adecuadamente el alojamiento. La premisa principal es escapar de la zona próxima a la Stazione Centrale y de los suburbios, que son las partes más degradadas de la ciudad.
Aunque el paseo de Posillipo es bastante agradable queda un poco a desmano así que es preferible centrar la búsqueda en la parte próxima a la Piazza del Plebiscito. Como en los alrededores de Castel dell´Ovo, vía Partenope y Piazza Municipio principalmente, hay una gran concentración de establecimientos hemos optado por estudiar posibilidades aquí.La oferta es enorme, en concreto hemos encontrado hasta 32 hoteles distintos ofertados en las principales páginas de reservas hoteleras por Internet. Desde 60 a 224 euros por habitación y noche.Descartando la oferta de una y dos estrellas nos quedamos en 26 y si introducimos un filtro para ver cuantos están comprendidos entre 125 y 225 euros, que es el precio objetivo marcado conociendo el coste y la calidad de los hoteles fuera de España, finalmente quedan sólo 6. De estos 6 hoteles, 5 de ellos están por encima de los 170 euros habitación/noche, lo que nos parece ya excesivo porque difícilmente se va a percibir la mejora de la relación calidad precio con otro relativamente más económico.
Así que nos queda un único hotel con un precio indicativo, según la web, por habitación doble y noche de 130 euros. Eso sí, en agosto el precio, tras hacer la consulta, sube a 140 euros/noche. Aún así consultamos otras posibilidades pero ninguna se acerca a esta elección por dos aspectos fundamentales: la posición y las referencias.
Evidentemente, antes de hacer la reserva, hemos consultado las impresiones de huéspedes anteriores y la valoración que obtiene el establecimiento en diversas páginas. Las críticas son muy favorables y sorprende la alta puntuación otorgada por sus clientes, lo que le hacen uno de los mejor valorados de la ciudad.
Finalmente nos decidimos y optamos por él:
Hotel Royal Continental
Vía Partenope, 38-44
80121 Nápoles
Sinceramente creo que es una elección inmejorable porque es un hotel de cuatro estrellas, donde obligatoriamente se tiene que ver una mejora en el servicio en relación a la mayoría de los hoteles que no son españoles; está ubicado muy cerca de la mayoría de los puntos de interés de la ciudad y con las referencias obtenidas la relación calidad/precio parece óptima.
El Royal Continental hotel está ubicado en la Nápoles, frente al mar, en una ubicación ideal con vista panorámica hacia la bahía de Nápoles.
Entre otras cosas, el hotel dispone de aparcamiento propio. El restaurante está ubicado en un lugar excepcional con vista hacia la famosa fortaleza napolitana de Castel dell´Ovo. Cuenta además con una piscina (con agua de mar de mayo a septiembre) ubicada en el último piso del hotel y una sala de fitness.
Tiene más de 400 habitaciones recientemente remodeladas. Todas cuentan con cuarto de baño privado con secador de pelo y están equipadas con aire acondicionado regulable, caja fuerte, minibar, conexión a Internet, radio, calefacción, teléfono directo y televisor en color. Hay también habitaciones con vista, disponibles bajo petición. Las habitaciones standard disponen de una cama matrimonial o de dos camas individuales, vistas laterales o interiores y pueden ser para fumadores o para no fumadores.
Tras habernos alojado en él podemos concluir que la valoración es bastante positiva. Tal y como habíamos aventurado, el excesivo coste del alojamiento fuera de España lo hacen muy competitivo al estar bien equipado (la instalación de la piscina en la terraza es un plus a tener en cuenta), contar con una atención profesional y un desayuno sin alardes pero correcto.
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B/ Planning: Agrópoli - Praiano
La intención es fondear la embarcación y acercarse a tierra con la opción de dar un paseo por la línea de costa o bajar a la cala ubicada allí mismo para darse el primer chapuzón. De cualquier modo buscaríamos zona de amarre para pasar la noche. Lo más importante es aprovechar la jornada para avanzar millas y aprovechar el tiempo al máximo, de ahí que lo más conveniente es poner rumbo directamente a nuestro destino y disfrutar del resto del día en tierra.

Cerca de Praiano, en la carretera que va hacia Amalfi, se encuentra la Grotta dei Smeraldo. Habría que estudiar el horario de apertura en agosto por si diese tiempo y mereciese la pena acercarse para aprovechar el tiempo de la travesía. Alternativamente, si hay interés, se puede planificar para visitarla en el trayecto de vuelta.
Restauración:
En este punto, salvo por el conocimiento puntual de algún establecimiento, nos guiaremos por las recomendaciones encontradas en las publicaciones consultadas. Praiano es uno de los pocos sitios donde conocemos algún restaurante porque ya hemos pasado varias noches en esta localidad siendo nuestra recomendación:
Cala Paradiso. Vista magnífica desde su terraza y cocina correcta. A destacar las ensaladas con productos del mar y el pescado.
Otras opciones:
Trattoria San Gennaro: vía San Gennaro, vettica de Praiano. Buena comida familiar y abundante pero el local es menos atractivo y está algo a desmano al encontrarse por encima de la carretera que lleva a Amalfi.
B/ Planning: Praiano - Sorrento
Iniciamos trayecto desde Vallone del Furore, corte en la meseta que se hunde en el mar y sobre el que se yerguen Praiano y Vettica Maggiore. En esta zona se ubica la Grotta del Smeraldo, ya citada anteriormente.

Positano: El interés radica en su entorno pintoresco y en callejear visitando las innumerables tiendas que la inundan. Aparte de eso cuenta con una playa accesible, Spiaggia Grande, sobre todo teniendo en cuenta la orografía de la Costa Amalfitana, en el corazón de la localidad y otra a continuación que parece querer prolongarse eternamente, la de Fornillo, a la que se accede desde la anterior por un camino muy agradable pegado al mar.
En su zona costera está el archipiélago de Li Galli donde en la isla de Gallo Lungo se ubica una famosa villa reformada por Le Corbusier y que fue propiedad de Nureyev. Si se tienen ganas de andar “El sentiero degli Dei”, trayecto peatonal que cruza las laderas de los montes Lattari que enlazan Positano con Agerola, presenta múltiples focos de interés: magníficas vistas panorámicas en la costa; grutas y cavernas; antiguas casas de campesinos y una aldea, Nocelle, inaccesible por carretera, que ha permanecido intacta con el paso de los siglos.
La costa se prolonga hacia Sorrento y va dejando por orden Marina del Cantore, Nerano Cantone (estupendo pueblecito de pescadores), Termini y Massa Lubrense, de las cuales podremos obtener una panorámica desde la embarcación porque posiblemente ese sea su principal atractivo aunque siempre es factible acercarnos a la costa siguiendo las recomendaciones del patrón. El punto que marca la división entre el Golfo de Nápoles y el de Salerno es la Bahía de Ieranto desde donde se divisa Capri
La jornada la daremos por finalizada en Sorrento donde el hecho de llegar por mar bien merece la visita. El inconveniente de llegar por este medio es la distancia, cuesta arriba, que hay desde Marina Piccola hasta la zona histórica y comercial. El centro de la villa es Piazza Tasso y destacan en la localidad la Iglesia de San Francesco y Villa Comunale, un jardín público desde donde se puede disfrutar de un bonito panorama del golfo de Nápoles. En los alrededores destacan la localidad de Massa Lubrense y los restos arqueológicos de los Baños de Reina Juana.
En la ciudad lo más visitable, además de lo citado, es el Duomo (corso Italia) con su interesante interior, la iglesia de San Francisco debido a los bonitos capitales de su claustro y el museo Correale, instalado en un palacio del siglo XVIII con jardines y mirador al mar.
Restauración:
En Positano:
O Capurale. En Vía Regina Gioavanna 12. Si es posible es mejor evitar las salas interiores y aprovechar la terraza sombreada a la hora de la comida, con vistas sobre la Spiaggia Grande y el mar. Muy buenos los antipasti di mare, los bucatini alla caparalesa (tomates, berenjenas, alcaparras y mozarrella) y los linguine all´astice.
Da Adolfo. Spiaggia di Laurito. Terraza de madera con tejado de cañizo en esta playa donde se come en bañador. Se accede a él por mar. A destacar el queso fresco fundido entre hojas de limonero, parmigliana de berenjena gratinada con tomate y mozarella y el pescado a la acquapazza.
La Buca di Bacco. Rampa Teglia 8. Excelente opción para comprar la comida y llevarla al barco. Famoso bar-restaurante de la playa, símbolo de la tradicional hospitalidad de la ciudad.
En Sorrento:
Sorrento Inn. En Sorrento, en Vía Fuoro. Comida tradicional italiana a buen precio en el centro neurálgico de la ciudad. La especialidad son las pizzas, antipasti di mare como los calamares, y las berenjenas gratinadas.
O Parruchiano. Corso Italia 71. Restaurante con ambiente y auténtica institución. Ocupa varios niveles y se extiende alrededor de un hermoso jardín y un huerto de cítricos. Platos clásicos de la gastronomía peninsular: canelones y ñoquis al estilo sorrentino, quesos frescos y de postre: delicias de limón, naranja o chocolate.
B/ Planning: Sorrento - Ischia
En este caso demoraríamos la llegada a Ischia y buscaríamos amarre preferiblemente en Torre del Greco. Desde allí tendríamos que tomar algún medio de transporte que nos llevase hasta el Vesubio, pero a Pompeya y sobre todo a Herculano, al borde del mar, se podría llegar andando. No obstante, desde Herculano se inicia una ruta de 4 kilómetros de ascensión que llega hasta una cota de 1.170 metros hasta el cráter del volcán y que lleva unas tres horas.

Otra opción adicional es acercarse, cerca de Ischia, a la isla de Prócida y dejar la visita a Ischia, al disponer de tiempo más que suficiente, para el día siguiente. Existe posibilidad de fondeo en lugar de amarre en puerto.
Pompeya: Opción más detallada para visitar las ruinas arqueológicas de las poblaciones sepultadas por el Vesubio.
Herculano: Opción que exige menos tiempo que Pompeya y que se puede combinar con la ascensión al Vesubio.
Vesubio: Aparte de las vistas y la observación de las fumarolas del cráter, el Parque Nacional ofrece la posibilidad de 9 senderos señalizados de los cuales 6 son circulares.
Prócida: Desde Marina Grande se puede acceder hasta Torre Murata, barrio medieval y corazón de la isla. Otro punto de interés es Marina di Corricella por la arquitectura de sus edificios y Marina di Chiaiolella por su playa.
Probablemente como el tiempo no es problema, lo más interesante es ir costeando desde Sorrento y al igual que el día anterior, siguiendo las recomendaciones del patrón, pararnos en aquellas localidades más pintorescas. A continuación, según las inquietudes de cada uno, parar para acercarnos a Pompeya o bien a Herculano (con una de las visitas sería suficiente) e incluso desde Torre del Greco coger un autobús para subir al Vesubio. Como contamos con la ventaja de la ruta a la carta, nadie está obligado a hacer cualquiera de las excursiones pudiendo optar por seguir disfrutando del barco.
En cualquier caso desde Herculano ya pondríamos rumbo hacia Prócida o Ischia porque el resto de la costa no tiene mayor interés. En caso de desembarcar en Prócida una opción para visitarla es alquilar un scooter (en el camping La Caravella, por ejemplo). El perímetro costero de la isla está plagado de caminos que conducen a pequeñas playas; los paseos de interior ofrecen hermosos paisajes y vistas panorámicas, y la carretera central está flanqueada por palacios patricios, cuyos jardines descienden hacia el mar.
Y para terminar llegaríamos probablemente para cenar a Ischia, donde pasaríamos la noche, siendo la otra alternativa dirigirnos directamente a ella para dedicar todo el día a visitar la isla.
Restauración:
En Ischia las alternativas son innumerables así que hemos seleccionado alguno en las localidades más importantes.
Il Focolare en Cassamicciola Terme. Via Cretaio 68. Trattoria que ofrece platos campestres típicos que varían según la temporada destacando en verano el risotto con fruta.
Da Pepina di Renato en Forio. Via Bocca 42. Cocina basada en los sabores del huerto, muy poco marinera y muy campesina. Excelentes pasteles y tartas de fruta de la casa.
Dai Tu en Ischia Porto. Lungomare C. Colombo. Restaurante playero que posee una excelente vista de Prócida. Buena cocina de pescadores: pescados sencillos o exóticos y frituras ligeras.
B/ Planning: Ischia - Capri
La segunda sería salir directamente para Capri y disponer de todo el día en la isla. Alternativas y lugares que visitar no van a faltar. Resultaría muy interesante tener una primera aproximación recorriendo su perímetro por mar. Incluso antes se podría plantear visitar Pozzuoli.

Personalmente apostaría por haber realizado el plan extenso el día anterior y dedicar el día de hoy a recorrer Ischia y salir por la tarde para Capri donde podríamos cenar después de dar una vuelta por el entorno de la Piazzeta.
En Capri probablemente el coste de amarre es elevado. Cabe la posibilidad de fondear si está permitido, opción que hay que consultar antes de la partida. Vale la pena recordar que siempre que podamos fondear elegiremos esa opción ya que eso no nos impedirá acercarnos a tierra.
Ischia: La isla está dividida en dos zonas: Ischia Porto e Ischia Ponte. La primera es una zonal termal y más turística donde lo más interesantes es la ciudadela de Casamicciola Terme y el Lacco Ameno. Las localidades más importantes son Forio (ver Jardín de la Mortella), Sant´Angelo y el interior Panza, Serrara Fontagna, Barano d´Ischia. A resaltar el Monte Epomeo y el Santuario de la Madonna del Soccorso.
Pozzuoli: Localidad principal de los Campos Flégreos y una de las zonas arqueológicas más interesantes del mundo. A destacar Riote Terra, la parte más antigua de la ciudad, y en sus inmediaciones el Castillo de Baia, el entorno de Cuma (Antro de la Sibila Cumana) y un poco más alejado el lago de Averno o La Solfatara. Esta visita es un poco más difícil porque se aleja ligeramente del circuito aunque como la filosofía es decidir en el día a día ya veremos que opción tomar. Propongamos esto como una posibilidad.
Restauración:
La idea es cenar en Capri ya sea a bordo o en tierra. Si se opta por buscar un restaurante hay que tener en cuenta que a partir de las 21 horas en temporada alta está todo lleno así que es casi obligatorio reservar en todos los locales.
Da Gemma. Vía Madre Serafina 46. Pizzas excelentes y antipasti. Buena relación calidad-precio.
Da Paolino. Via Palazzo a Mare 11. La decoración es de lo más seductora: una plantación de limoneros en Marina Grande, a cuya sombra se instalan las mesas en cuanto el tiempo lo permite. Espléndido surtido de pescado fresco.
Settani. A 20 m. de la piazza Umberto I tomando la via Longazo. Vista magnifica desde algunas mesas y cocina correcta. El interés reside en las fotos de las estrellas de los años cincuenta que decoran el local.
La Capanina. Via delle Botteghe 12-14. Dicen que uno de los mejores restaurantes y sin duda la mejor bodega de la isla.
En Marina Piccola abundan los restaurantes: Da Gioia, Da Maria, La Canzone del Mare, Torre Saracena. Junto al mar en un ambiente agradable pero muy concurrido.
Independiente de la opción, es obligatorio desembarcar para disfrutar de la noche y tomar una copa o un café ya sea en las terrazas de la Piazza Umberto I como la del Gran Caffé, el Piccolo Bar o el Tiberio, en la Taverna del Guarracino (Via Castello 7) o en la Taverna Anema e Core (Via Sella Orta 1)
B/ Planning: Capri

Diferenciando la isla por sus dos localidades principales:
Capri: El centro neurálgico es la Piazzeta. A partir de ella se pueden tomar diversos caminos que conduzcan a los Jardines de Augusto, Vía Krupp, el mirador de Tragara y un poco más lejos a Villa Jovis, las ruinas de la antigua residencia del emperador Tiberio. Desde Capri propondremos tres itinerarios:
Primer itinerario: los jardines de Augusto, la Cartuja y Marina Piccola (por Via Krupp se llega en 20 minutos a Marina Piccola)
Segundo itinerario: el monte Tiberio y la Villa Jovis (una hora de marcha desde la piazza Umberto I) Uno de los paseos más bonitos de la isla.
Tercer itinerario: el Arco Natural, la gruta Matermania, Pizzolungo y Tragara (excusa para hacer un alto en la trattoria Le Grotelle cerca del Arco Natural)
Anacapri: Desde esta localidad se pueden hacer excursiones a pie hasta Villa San Michele y al Monte Solaro (a menos de una hora andando). La visita a Villa San Michele es casi obligada. Desde la terraza se divisa un panorama excepcional: “Desde estas alturas, la mirada pasa directamente de la tierra al mar; el mar desnudo, desierto, espectral (Alberto Sabino)”. El Monte Solaro está a 4 kilómetros de Marina Grande y se tarda en llegar desde Capri unos diez minutos en coche. Aparte de las excursiones citadas otros itinerarios:
El belvedere de la Migliara, a 40 minutos a pie desde el centro de Anacapri por un sendero que bordea las pendientes del monte Solaro. Para tomar fuerzas se puede hacer un alto en el restaurante Da Gelsomina.
La torre della guardia y la Punta Carena (una hora a pie y 15 minutos en coche)
Damecuta. Previamente hay que llegar a la playa de Anacapri y desde allí continuar por la via Pagliario y pasar por el molino de viento. La carretera que pasa por entre las viñas y los olivos lleva a las ruinas de villa Damecuta.
Los lugares a visitar por mar son la Grotta Azurra, la Grotta Verde y Villa Malaparte. Si cumplimos con este plan podemos decir que hemos visitado la totalidad de los puntos de interés turístico de la isla.
Restauración:
Como la noche anterior cenamos en Capri, ésta vez lo podríamos hacer en Anacapri. Adjuntamos también locales en puntos estratégicos en vista de posibles excursiones.
Ad´o Riccio. Via Grotta Azzurra 11. Encantadora pérgola que domina el mar y la carretera de Anacapri. Menú exclusivamente marinero para los incondicionales del pescado. Exquisitas linguine alla Fra´Diavolo con langosta y marisco.
Mamma Giovanna. Via Boffe 3-5. Pequeño restaurante en el casco viejo de Anacapri. A destacar las pennette de la casa al cartoccio con marisco, aceitunas, setas y el tiramisú de limón.
Da Gelsomina. Via Belvedere Migliera, a 100 m. del mirador. Recomendables el antipasto della casa, los spaghetti alle cozze (mejillones) o vongole (almejas) y los platos de pescado. Opción por si coincide en alguna excursión ya que se encuentra a 40 minutos del centro de la ciudad.
Trattoria Le Grotelle a 50 metros del Arco Natural. Aquí se viene por el paisaje y la decoración. Buen trato, terraza con mesas y cocina adecuada.
B/ Planning: Capri - Amalfi
Es conveniente señalar que Amalfi no tiene playa en condiciones. Las zonas dedicadas al baño más próximas son Praiano al norte y Atrani al sur. Dicho esto y si no se elige la opción de estar más tiempo en el barco la zona ofrece varias alternativas.
La más activa es realizar desde Amalfi una ruta de senderismo hacia el Valle de los Molinos o bien desembarcar en Atrani y llegar andando por otra ruta de 5 kilómetros hasta Ravello. Como elección más completa podríamos hacer primero la visita al Valle de los Molinos (el que quiera descansar puede quedarse en el barco) y subir por la noche en algún medio de transporte a Ravello aprovechando que se celebra el Festival de Música Clásica como todos los años en agosto.

En cuanto al transporte a Ravello, SITA enlaza Amalfi y Ravello con su línea de buses hasta la 01.00 de la madrugada. Aparte en Ravello hay varias paradas de taxis para emprender el camino de vuelta.
De camino, ya después de Praiano, iremos dejando atrás localidades como Conca dei Marini en donde se divisa la Torre de Conca y Grotta dello Smeraldo a la cual sería interesante hacer una visita.
Amalfi: Las visitas más interesantes son el Duomo con su Capilla del Crucifijo y el Claustro del Paraíso, los Antiguos Arsenales, el Palacio Morelli y el entorno del Valle de los Molinos donde se ubica el Museo del Papel.
Ravello: Primordial las Villas: Rufolo y Cimbrone (hay quien dice que las vistas desde el Mirador del Infinito son las más bonitas sobre la tierra). Además el Duomo y las iglesias de San Giovanni del Toro y Santa María a Gradillo.
Restauración:
Ante cualquier eventualidad enumeraremos restaurantes en las dos localidades.
En Amalfi:
Da Gemma, via Fra Gerardo Sasso 9. Especialidades del mar: deliciosos vongole veraci (con almejas grandes) y zuppa di pesce. Probablemente el mejor restaurante de la ciudad.
Y en Ravello:
Trattoria Cumpa Cosimo, via Roma 42-44. La mejor relación calidad-precio de Ravello. Alici marinate (anchoas marinadas), prosciutto e melone o fichi (con higos), surtido de pasta, pescados, mariscos, carnes y deliciosos quesos destacando la mozzarella in carrozza y provola alla griglia.
Una recomendación en Amalfi es disfrutar de las vistas mientras se toma una copa en la terraza del Hotel Cappuccini, en via Annunziatella 46, antiguo monasterio que todavía conserva su claustro del siglo XIII y hoy convertido en hotel de cuatro estrellas.
B/ Planning: Amalfi - Acciaroli
A lo largo del día intentaríamos realizar alguna visita que nos hubiese quedado pendiente; por ejemplo, subir hasta Ravello o visitar Amalfi si ha sido imposible el día anterior, entrar en la Grotta del Smeraldo si nos parece interesante.

Si se quiere exprimir un poco más el barco seguramente habrá calas suficientes para hacer alguna parada o bien hacerlo en Atrani o en Maiori, las localidades más importantes cercanas al punto de partida. La cantidad de localidades en el trayecto permiten evitar el amarre.
Atrani: Siendo la localidad más pequeña de Italia lo más relevantes son sus iglesias della Maddalena y de San Salvatore de Bireto.
Maiori y Minori: Localidades costeras de veraneo. En Minori el edificio más singular es la basílica de Santa Trofimena y en Maiori las iglesias de Santa María a Mare y Santa María de Olearía. Grutas Sulfurea y Pandora. Cerca de Minori se encuentra Erchie, interesante pueblo pesquero y a continuación Cetara y Vietri, conocida por su cerámica artesanal, componente fundamental de la decoración de sus edificios.
Siguiendo la costa nos topamos con Salerno, ciudad medieval que todavía conserva sus murallas, y Paestum, importante enclave arqueológico, excepcional por la calidad y conservación de sus tres grandes templos pero sobre todo por la tumba del Nadador, que bien merece una visita. Para acceder al recinto arqueológico es preferible iniciar el recorrido por el acceso norte (delante del templo de Ceres)
De todos modos es una jornada propicia para la improvisación en la que, debido a la enorme distancia, se puede optar por no acercarse a Acciaroli, ya que está más al sur que Agropoli, y quedarnos a medio camino antes de nuestro punto de desembarque sabiendo que al día siguiente al levantarnos haremos una navegación corta para dejar el barco en el mismo punto de partida.
Restauración:
Con una jornada tan imprevisible optamos por enunciar locales en diversos puntos:
Ristorante-Pizzeria da Mario e María, en Maiori. Avanzar bordeando el mar hacía Salerno, girar en la última calle grande a la izquierda. Cocina sin pretensiones pero con unas lasañas inmejorables.
Hostería Il Brigante, en Salerno. Via Fratelli Linguiti 4. A dos pasos del Duomo. Cocina local y típica de la Campania. A destacar las farfalle con zuchine.
Alla Brace, en Salerno. Via Lungomare Trieste 13. Cocina local basada en productos frescos. En verano dominan los sabores del mar: pescados a la plancha y frituras de cicinielli (pescaditos locales).
Pizzería La Casa Vecchia, en Paestum enfrente del hotel Poseidonia, cerca de la torre. Pizzas gigantescas y bien presentadas a muy buen precio.
Nettuno, en Paestum. Via Principe di Piemonte. Bonita vista hacia los templos. Especialidades: arroz o pastas con marisco. Se recomienda reservar.
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B/ Planning: Acciaroli - Agropoli / Nápoles

Nápoles es una ciudad caótica e insegura para conducir. Afortunadamente el hotel está muy bien situado al encontrarse al lado de las terrazas de los principales establecimientos turísticos de la ciudad y a cinco minutos andando de la Piazza del Plebiscito, centro neurálgico y que alberga la Galería Umberto I, el Teatro San Carlo, el Palacio Real y la iglesia de San Francesco de Padua.
Un recorrido para ver Nápoles en día y medio comenzaría en la Riviera del Chiaia, cerca del hotel, en dirección al Castel dell´Ovo. Desde allí subiríamos hasta la Piazza del Plebiscito para tomar Vía Toledo hasta Port´Alba, por donde entraríamos en Spaccanapoli, el casco histórico de la ciudad.
Dentro de Spaccanapoli además de la visita obligada a la capilla de San Severo hay otros puntos de interés, principalmente en el entorno de Vía dei Tribunali: iglesias de Santa María del Purgatorio ad Ario y San Pietro a Majella, pero más alejados también la iglesia del Gesu Nuovo, la de Santa Chiara y la de Sant´Angelo a Nilo, en la Piazzeta Nilo junto a la estatua más representativa de la ciudad, y finalmente el Duomo.
Si se quiere extender la visita se puede ver el Palacio Real de Capodimonte, el Castel Nuovo, las catacumbas de San Gennaro, el cementerio delle Fontanelle o pasear hasta Posillipo y Vía Caracciolo.
Restauración:
Como pasaremos en Nápoles el día de hoy y la mañana siguiente, enumeraremos algunos de los locales recomendados en la documentación que hemos consultado.
Cerca del hotel, la Riviera di Chiaia, Borgo Marinaro y alrededores, probablemente sean las zonas más agradables debido a la animación que hay en cualquier momento del día. A destacar:
La Cantina di Triunfo. Riviera di Chiaia 34. Abierto sólo por la noche. Se sirven platos tradicionales, como los vermicelli alla vongole, tagliatelle con seppie e carcioffi, timballe di magro. En general, los platos van cambiando según los días y las estaciones. Toda una “institución” muy concurrida por la noche.
Ostería Da Dora. Via F. Palasciano 28. Es recomendable reservar. Restaurante de pescados y mariscos que dispone de dos pequeñas salas contiguas con decoración marinera. Antipasti, surtido de alici marinate, seppie fritti, sauté di vongole, linguini alla dora.
Marino Ristorante-Pizzeria-Bar. Via Santa Lucia. Recomendado sobre todo por las pizze napoletane.
Ostería Mattonella. Via Nicotera 13. Pequeño y peculiar cafetín decorado con azulejos. No hay carta y los platos se anuncian oralmente. Cocina tradicional destacando los polpette di mozzarella, los spaghetti al sugo y el baccalá fritto. Un consejo: como es un local muy concurrido es conveniente acudir tarde así paradójicamente habrá más variedad a elegir.
Ristorante Amici Mei. Via Monte di Dio 77-78. Servicio de calidad y cocina clásica. Recomendable las pizzette di ricotta, las bruschette, así como los surtidos de productos ahumados, los ravioli alle melanzane (rellenos de berenjena).
Pizzería Brandi. Santa Anna di Palazzo 1-2. Institución local donde el pizzaiolo Esposito creó en 1889 la pizza Margherita.
En el centro, en el barrio de Spaccanapoli:
Pizzería di Matteo. Via dei Tribunali 94. En pleno corazón de Spaccanapoli, este local ha tenido su momento de gloria gracias a la visita repentina de Bill Clinton cuando el G7 se reunió en Nápoles. Gran variedad de pizzas inmensas y deliciosas destacando la pizza blanca o la pizza frita para estómagos fuertes.
Pizzería Bellini. Via Costantinopoli 79-80. Suculentas pizzas y el célebre portaflogio napolitano. Es necesario reservar.
Visitando Nápoles es inexcusable disfrutar de un buen café. A lo largo de la ciudad hay numerosos locales para ello:
Caffé México. Piazza Dante 86. El café es excelente. Uno de los mejores de la ciudad. Especialidades de la casa: caffé freddo con panna, caffé frappe, latte di mandarla.
Gran Caffé Gambrinus. Via Chiaia 1-2. Uno de los cafés históricos de Italia. Café buonissimo y excelente repostería, por ejemplo los sfogliatelle.
Intromoenia. Piazza Bellini 70. Es uno de los lugares más simpáticos de Nápoles, que gana en animación a lo largo de la jornada. Bonita terraza donde se presentan libros, de modo que el lugar parece un café literario.
Giuseppina e Vincenza Bonaiuto. Via Chiaia 154. Local minúsculo pero encantador. Muy buenas especialidades: granita di melone, latte di mandarla, orzata.
Por último, ya que pasaremos la noche en tierra, para tomar una copa, casi todas las zonas cerca del hotel:
Piazza Bellini. Zona muy animada por la noche estratégicamente situada si antes se ha cenado en Spaccanapoli.
Borgo Marinaro. A la sombra del Castel dell´Ovo, cerca del hotel, se ha agrupado un gran número de bares muy frecuentados. El lugar está tan aislado que da la impresión de no estar en Nápoles, sino en un balneario. La iluminación – con lámparas de gas – otorga al conjunto un aspecto agradable.
Riviera di Chiaia. Detrás del frente marítimo, se trata de una zona siempre animada. El local más famoso es el Vibe 5 (largo San Giovanni Maggiore Pignatelli 26-27)
Piazza Giulio Rodino. Cerca de la piazza dei Martín, un lugar generalmente abarrotado de gente. Dos puestos clave: el Gran Caffé Cimmmino y el Coco Loco.
C/ Singladura: La Coruña - Agrópoli
Levantarse antes de las cinco de la mañana, aunque sea para irse de vacaciones, no deja de suponer un enorme esfuerzo, al menos en mi caso. Como no queda otro remedio - nuestro avión sale de La Coruña a las 06.30 horas - ponemos el despertador a esa hora e iniciamos nuestras vacaciones.
Tras un pequeño retraso en la salida del vuelo La Coruña-Madrid debido a un percance con un pasajero aterrizamos en Madrid con tiempo más que suficiente para coger el siguiente vuelo que nos trasladará a Nápoles. Este segundo vuelo sale en punto y llegamos a destino a la hora estimada, disfrutando según nos aproximamos de las primeras vistas del Golfo de Nápoles desde el aire.
Una vez recogemos las maletas, sin demasiada demora lo que es una sorpresa en un aeropuerto italiano, salimos en busca del transporte que tiene que trasladarnos a Agropoli como habíamos concertado con la agencia de chárter. Afortunadamente todo trascurre según lo planeado y el microbus ya nos está esperando a la puerta, con lo que continuamos con el traslado por autopista dejando atrás Nápoles, Erculano, Castellmare di Stabia, Salerno y tomando la salida a Paestum para proseguir por carretera a Agropoli, donde empezamos a sufrir el aumento de tráfico y por tanto algo de retraso sobre la hora de llegada. El recorrido nos lleva aproximadamente una hora y media cuando se puede hacer con algo de suerte en una hora.
El microbus nos deja a pie de pantalán en el puerto deportivo de Agropoli, que como podéis ver en la foto es bastante amplio, y que a posteriori comprobaremos que resulta de los que cuenta con mejores instalaciones en esta zona. Tras contactar con el responsable de Kiriakoulis, se nos informa que están limpiando el barco y que por tanto, podemos dejar allí el equipaje y volver al cabo de un tiempo para embarcar. Aprovechamos, dado que son más de las tres de la tarde, para localizar algún restaurante donde podamos comer y posteriormente buscar un supermercado para comprar las provisiones de al menos el día siguiente.
Conviene recordar que en Italia, salvo en puntos turísticos muy concretos, resulta dificil encontrar locales que sirvan comidas más allá de las tres de la tarde. Así que no nos arriesgamos lo más mínimo y entramos en el primer sitio que ofrece esta posibilidad en el mismo puerto de Agropoli: Il Cormorano. El local, sobre todo su terraza, es muy agradable pero la comida resulta ser muy normal y en cambio excesivamente cara (37 euros/persona).
Y este no iba a ser el primer disgusto del día. A continuación comprobamos que la información remitida en su momento por la agencia es errónea. En ella se indica que hay un supermercado a la entrada del puerto con horario ininterrumpido hasta las 20.00 horas. En realidad cierra entre las 14.00 y las 17.00 horas por lo que tenemos que esperar hasta esa hora para hacer las compras.
El siguiente disgusto llega cuando subimos al barco y nos encontramos con dos averías inadmisibles. Por un lado una de las bombas de uno de los WC está estropeada y por otro, el mando del ancla no funciona. Dada la hora, más de las 18.00 horas, y el estado de la embarcación no nos queda más remedio que pasar noche en el puerto y demorar la salida hasta la mañana siguiente. Lo indignante es ver que la compañía no se ha molestado en comprobar los equipos y que por culpa de eso hemos perdido una tarde de navegación. Además, apreciación personal mía, con la excusa que el siguiente puerto está a más de cuatro horas de navegación, el patrón tampoco tenía demasiado interés en salir ese mismo día.
Ante esta situación y después de las explicaciones de seguridad y de maniobra del barco por parte del patrón no nos queda más alternativa que pasar el resto del día en Agropoli. Día que finalizamos subiendo hasta la zona histórica, abarrotada de gente, lo que dificulta encontrar un sitio donde cenar, hacíendolo finalmente en Pizzería La Piazzetta, (ubicada justo en el margen derecho de la fotografía adjunta) que sí recomendamos si apetece tomar una deliciosa pizza hecha en horno de leña.
Tras un último café en las terrazas del puerto y después de una larga jornada, que iniciamos a las cinco de la mañana, nos retiramos a descansar a las 00.15 horas con el deseo de zarpar por fin a la mañana siguiente.
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C/ Singladura: Agrópoli - Amalfi
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Por fin levamos anclas e iniciamos nuestra aventura por mar desde el Golfo de Salerno. Aventura que nos permitirá abarcar este Golfo y el de Nápoles, alcanzando el punto más lejano en la isla de Ischia. Previamente, como habíamos comentado, el día anterior nos habíamos aprovisionado lo suficiente para los siguientes días por lo que, con el depósito de combustible lleno, podemos salir a la mar sin nuevos contratiempos, no si antes de realizar los últimos trámites con la agencia de chárter; entre ellos, pagar la fianza y los extras no incluídos en el precio del contrato.
Tras dar cuenta del desayuno ya en el mismo barco iniciamos la maniobra en el pantalán de Kiriakoulis (ver foto de arriba) para salir a la bocana del puerto y desde allí poner, a las 08.00 horas, un rumbo aproximado de 234º en dirección a una de las calas del Parque Nacional de Cilento, al sur de Agrópoli, haciendo todo el trayecto a motor debido a la corta distancia de nuestra primera parada y por otra parte a la ausencia de viento, constante en la zona a primeras horas de la mañana.
Madrugar tiene el premio de llegar a la cala y encontrarla prácticamente vacía, pudiendo disfrutar de nuestro primer baño en el Tirreno con la única compañía de dos embarcaciones fondeadas a la distancia necesaria para no ver amenazada nuestra intimidad.
A medida que avanza la mañana van llegando embarcaciones y aunque no tenemos prisa por llegar a destino, vista la situación, optamos por zarpar y proseguir nuestra travesía. A las 11.15 horas, con rumbo de aguja de 305º, salimos a vela a un descuartelar, con viento aparente entre 16-18 nudos. Frente a la costa de Paestum nos topamos con los primeros delfines y seguimos disfrutando de una plácida navegación sin contratiempos.
La travesía resulta entretendida debido a los cambios de intensidad del viento, que en momentos llega a los 22 nudos y nos obliga a recoger trapo. Resulta significativo que en la mayor parte del trayecto sopla de tierra y en función de la oreografía de la costa cae más o menos. El único disgusto ha sido pasar delante de Praiano y no poder realizar la parada que habíamos previsto para la noche anterior. Nuestra intención era salir pronto de Agropoli el día previo y hacer noche allí. Lamentablemente la negativa del patrón impidió disfrutar de la cena en la terraza de Cala Paradiso y hoy ni tan siquiera pudimos acercarnos. La excusa fue la falta de calado y espacio para una embarcación de estas dimensiones.
A lo largo de la navegación intentamos comunicarnos con el puerto de Amalfi para informarnos de la posibilidad de amarre resultando imposible. Después de navegar por esta zona uno llega a la conclusión que la mayoría de las Marinas o no usan la radio o la tienen de adorno. Ante esta perspectiva optamos por entrar en el puerto y ver si hay alguna plaza porque ni por radio, ni por teléfono, ni por móvil. Aún así os copio los datos de contacto:
Pontile Coppola Amalfi
www.pontilecoppolaamalfi.com
www.pontilecoppola.it
Cell. 339 4224484 - 347 3495280 - 368 610306
Tel. y Fax: 089 873091
Afortunadamente a la altura de la bocana del puerto salió a nuestro encuentro una zodiac para indicarnos que teníamos posibilidad de amarre y ayudarnos en la maniobra. Abajo copio una foto aeera del puerto de Amalfi porque la complicación del atraque es elevada, hay muy poco espacio entre pantalanes y la maniobra tiene que ayudarse a veces a golpe de zodiac para corregirla. Tal es así que un marinero subió al barco para ponerse a la rueda del timón y el otro desde la zodiac iba corrigiendo el rumbo en la aproximación al amarre.
Una vez amarrados, coste 120 euros para un Bavaria 50, nos disponemos a disfrutar del resto de la tarde en tierra y antés que nada, siendo las 15.15 horas, buscar donde comer, eligiendo para ello uno de los restaurantes del puerto a un precio razonable a base de pasta y ensaladas.
Como Amalfi es demasiado pequeño, el recorrido por la localidad se hace en poco tiempo. Además, alguno de los puntos de interés que habíamos previsto resulta imposible verlos. Por ejemplo, el Convento de los Capuchinos - futuro hotel de lujo - sigue en obras, el Valle de los Molinos no tiene mayor interés ya que lo único visitable es el Museo del Papel, que no merece la pena. Por último, no se puede visitar la Tabula Amalphitana en el Palacio Morelli.
Así que tras volver al barco, después de hacer algunas compras (el supermercado más económico es Decco), para asearnos nos dirigimos a la parada del autobus a Ravello tras comprar previamente los billetes en uno de los puntos de venta en la plaza del puerto, muy cerca de la parada (ver foto aerea para indicaciones).
El billete cuesta un euro por trayecto y persona y el recorrido tarda aproximadamente media hora. Hay que estar atentos a los horarios porque varían según el día.
Una vez arriba, trás un pequeño paseo por la localidad, nos dirigimos al restaurante recomendado en el apartado Restauración, que resulta ser un acierto: ambiente familiar, buena comida y un precio más que razonable (22 euros/persona) A continuación, antes de acabar el día, café en la plaza del Duomo para volver a tomar el autobus de vuelta, dando así por finalizada la jornada.
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C/ Singladura: Amalfi - Prócida
La primera noticia con la que nos levantamos, tras comunicar por movil, es la práctica imposibilidad de encontrar amarre en Sorrento o en algún puerto cercano; una vez más tenemos que cambiar los planes y optar por poner rumbo a Ischia. La intención es aproximarnos a la isla e intentar contactar con alguno de los puertos para buscar amarre, en caso contrario nos dirigiríamos a Procida, donde resulta muy probable encontrar plaza.
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Prevemos salir del puerto sobre las 10.30 tras tener que esperar la salida de otro barco, que debido a las dimensiones del pantalán, impedía nuestra maniobra. Al igual que cuando llegamos, el personal de la Marina se encarga de sacar el barco y finalmente a las 11.00 horas estamos ya de camino al siguiente destino. Una mañana más a motor por ausencia de viento aunque a veces con rachas de 8 nudos soltamos trapo a ver si cambia nuestra suerte.
A las 11.45 horas, a la altura de Positano, paramos máquinas y sin viento alguno, aprovechamos para darnos un baño con el posterior aperitivo a bordo mientras la aguja marca un rumbo de 251º, todavía sin viento, pasando pegados al archipiélago de Li Galli. Ya en Punta Campanella, a las 14.00 horas, variamos rumbo a 300º y por fin entra viento suficiente (16 nudos) para desplegar génova y mayor aunque a la media hora vuelve a caer con lo que tenemos que tirar una vez más del motor hasta llegar a puerto.
Como resulta imposible contactar con algún puerto en Ischia decidimos dirigirnos a Prócida con un parte metereológico que indica lluvias a pesar que hasta el momento el día es soleado. La mejor noticia del cambio de planes es que la Marina donde amarramos al menos tiene duchas (de pago con monedita) y las instalaciones en términos generales están bastante mejor que las de Amalfi.
Finalmente llegamos aproximadamente a las 17.00 horas aunque previamente, antes de entrar en puerto, hacemos una nueva parada delante del islote de Vívara para darnos un nuevo chapuzón.
El coste de la amarre es el mismo que en Amalfi, 120 euros para un barco de 50 pies, aunque como he dicho anteriormente las instalaciones son mejores. Los datos de la Marina son los siguientes:
Yachting Santa Margherita
www.yachtingsantamargherita.com
Tel. +39 081 896 80 74
info@yachtingsantamargherita.com
Una vez aseados y tras descansar nos dirigimos a la parada de autobus, que está prácticamente a la entrada de la Marina, para visitar el resto de la isla. La isla, aunque pequeña, está bien comunicada por bus. Cada 15 minutos pasa uno que, con un precio de 1,10 euros trayecto, une Marina de Chiaiolella con Marina di Corricella, lo que aprovechamos para ir a cenar. El trayecto se hace en muy poco tiempo circulando por las estrechas callejuelas hasta la parada correspondiente. Desde allí, por una escalinata, se desciende a la Marina donde, como curiosidad se rodaron parte de los exteriores de El Cartero y Neruda.
Además del local, que en la mencionada pelicula regentaba Beatriz, pocos sitios hay donde tomar algo. Por tanto, degustamos unas cervezas en su terraza mientras esperamos, previa reserva, que nos sirvan la cena en el restaurante contiguo. La visita ha merecido la pena porque además de las panorámicas pintorescas del pequeño puerto pesquero se obtiene una buena perspectiva del Castillo y de Terra Murata, la zona más elevada de la isla. Así que tras la cena y la sobremesa, ya a bordo, nos retiramos a descansar.
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C/ Singladura: Prócida - Ischia
Hoy no es nuestro día. A eso de las seis de la mañana nos sobresalta un fuerte aguacero producto de una inesperada borrasca que había entrado desde Capri. Tras recoger la ropa que estaba desperdigada por cubierta y cerrar escotillas seguimos durmiendo con la esperanza de que mejore el día y que no nos veamos obligados a pasar la jornada en tierra.
Aunque deja de llover y el tiempo mejora sensiblemente, la predicción metereológica, muy inestable, desaconseja salir a la mar.
Con esta perspectiva intentamos buscar alternativas a la navegación. La primera opción pasa por quedarse todo el día en la isla y que inmediatamente descartamos porque con la jornada del día anterior poco más interesante se puede hacer. La segunda es realizar el traslado a Ischia en ferry, aunque bastante más apetecible cuenta con el inconveniente de los horarios. El siguiente barco que nos daría tiempo de coger sale cerca de la una de la tarde y el último ferry que sale de vuelta a Prócida lo hace muy temprano.
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Ante esta situación optamos por esperar a ver como evoluciona el tiempo y ocupar la mañana comprando provisiones para días venideros, dar un paseo por Marina di Chiaolella - donde estamos amarrados - y tranquilamente tomar un café hasta que la situación mejore.
Afortunadamente la situación hace factible salir en barco, al menos para ver si podemos llegar a Ischia y bien desembarcar o acercarnos a alguna de las calas y pasar el día en el barco. Finalmente, a las 12.00 horas salimos a la bocana del puerto y aunque con viento de 18 nudos pero bastante oleaje nos dirigimos, sólo con el génova, a Ischia buscando abrigo para fondear en un primer momento.
A medida que vamos navegando, costeando la isla de Ischia, vamos dejando atrás Ischia Ponte, donde se divisa perfectamente desde el mar el Castello Aragonese, las localidades de Ischia, Casamicciola y Lacco Ameno. Un poco más adelante, en Punta di Montevico, viramos para entrar en la baia di San Montano y buscar su abrigo.
La baia di San Montano es una preciosa cala (foto izquierda) que a esa hora, debido a la metereología, está prácticamente vacía. Debido a esta circunstancia y a que el tiempo ha comenzado a mejorar decidimos fondear para pasar un buen rato disfrutando del entorno. Una vez elegimos el lugar de fondeo, el baño no tarda en llegar y a continuación damos cuenta de la fantástica comida que hemos preparado a bordo. Con absoluta placidez van transcurriendo los minutos hasta que nos damos cuenta que estamos rodeados de embarcaciones, algunas de eslora considerable.
Decidimos, pues, retroceder sobre nuestra derrota y estudiar la posibilidad de acercarnos a tierra. La idea es fondear en la localidad de Ischia y bajar a tierra en la zodiac. Lamentablemente el cielo indica la proximidad de otro frente por lo que, una vez más, con exceso de precaución optamos por dirigirnos a puerto, a motor, y dar por finalizada la etapa del día de hoy.
Como somos gente con recursos, además de la enésima cerveza de estas vacaciones, planificamos la cena como una velada a bordo acompañada de la degustación de licores y gin-tonics varios sin que ni siquiera faltase el hielo necesario.
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C/ Singladura: Prócida - Capri
Advertidos durante varios días de la dificultad de encontrar amarre en Capri y por tanto de la necesidad de partir a primera hora de la mañana nos disponemos la noche anterior a madrugar para intentar llegar a nuestro siguiente punto de destino a una hora temprana.
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Finalmente a las 08.30 nos ponemos en marcha marcando un rumbo de 134º y recurriendo una vez más al motor, ya que el viento sigue sin acompañarnos. Únicamente en el último cuarto de nuestro trayecto el anemómetro indica 16 nudos, momento en que con gran alegría largamos génova y mayor para entrar en Marina Grande a todo trapo intentando comunicar por radio con el puerto.
Aunque contestan a nuestra llamada se nos indica que no hay posibilidad de amarre en puerto por lo que iniciamos la busqueda de un buen tenedero para fondear la embarcación y trasladarnos a tierra. En primer lugar lo intentamos en la propia Marina Grande, pero sin exito porque a barlovento con rachas de más de 20 nudos en ese momento y mar de fondo la situación es muy inestable y aconseja buscar otra alternativa.
Nos desplazamos hacía Marina Piccola a probar suerte y aunque con oleaje, la situación es mucho más favorable al encontrarse más resguardada del viento en ese momento. Tras varios titubeos evitando la proximidad de otros barcos acabamos fondeando para bajar a comer a tierra.
En tierra evitamos complicarnos más la vida y optamos por comer ya en el primer restaurante que encontramos. Desde la terraza observamos con preocupación los bandazos que da el Bavaria, dando gracias de haber contratado patrón para poder responsabilizarse del barco en situaciones como esa.
A continuación pretendemos acceder a Capri, ciudad, por Via Krupp pero nos informan que está cerrada debido a desprendimientos de piedra, algo habitual en este camino. Sin más remedio que este, esperamos por el bus que sube hasta la parada próxima a la del funicular que baja a Marina Grande (1,20 euros trayecto) para acercarnos al centro de la localidad.
Ya sin tiempo para movernos hasta Anacapri ocupamos el día callejeando por la Piazzeta, Via Tragara, los Jardines de Augusto, la Certosa y demás puntos de interés próximos a la ciudad de Capri, no sin antes hacer un último esfuerzo de buscar amarre bajando al propio puerto deportivo para obtener información. Esfuerzo inutil porque nos comunican que es totalmente imposible y que probablemente nos encontremos en la misma situación la mañana siguiente.
A las 18.00 horas, aproximadamente, recibimos una llamada del patrón que solicita le demos información del estado del mar en Marina Grande porque tras un role de viento la situación en Marina Piccola se ha hecho insostenible para permanecer fondeado. De hecho, una embarcación que no había respetado el area de borneo casi nos aborda y en la maniobra para evitar la colisión se nos estropea nuevamente el mando eléctrico del ancla. A partir de entonces y hasta el final del viaje no nos queda más remedio que servirnos de un cable para hacer contacto y poder trabajar con ella.
Cerca de las 21.00 horas optamos por bajar en el funicular hasta Marina Grande y cenar en el puerto. La opción es casi la única alternativa porque todas las opciones que habíamos previsto, como cenar en Marina Piccola, resultan imposibles al estar los locales cerrados, ya que la mayoría de ellos cierran sus puertas a medida que los turistas que se desplazan hasta la isla en ferry emprenden el viaje de regreso.
A pesar de lo caro que resulta Capri, la cena no resulta ser acorde con los precios que habíamos sufrido hasta el momento - la consumición media en la Piazzetta no baja de 10 euros/persona - y la calidad es aceptable. Lamentablemente no hay excesivo ambiente para continuar disfrutando de la visita en tierra así que llamamos al patrón, que por prudencia no habia desembarcado y ya había fondeado en Marina Grande, para que acuda a recogernos en la zodiac. A las 23.00 horas ya estábamos nuevamente todos a bordo.
Aunque nos acostamos con algo de preocupación por la situación ocurrida en el transcurso del día, con el ancla averiada y una metereología nada optimista, acabamos pasando una noche tranquila hasta más o menos las 07.00 horas, en la que empieza a haber bastante tráfico y el consiguiente oleaje favorecido también por el fuerte viento a esa hora.
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C/ Singladura: Capri - Sorrento
Como comentamos previamente, antes de las siete de la mañana, con la proliferación de tráfico comercial de los ferrys que traen a los primeros turistas a la isla, se hacía dificil seguir durmiendo entre el ruido y el oleaje. Además, ya a esa hora, se habia levantado viento y la embarcación comenzaba a moverse bastante por lo que estamos deseando levar anclas y ponernos en movimiento.
Salimos de Marina Grande (ver foto derecha) con la intención de bordear la isla y visitar al menos la Gruta Verde y la Gruta Azul, una vez que hemos descartado pasar otra noche en la isla y por tanto no visitar Anacapri. La razón principal es que como habíamos supuesto sigue siendo imposible encontrar amarre y con esta metereología y el estado del ancla mejor no aventurarnos.
Llegamos a las 09.30 a la Gruta Azul, donde a pesar de la hora ya hay numerosas embarcaciones esperando para entrar. De todos modos, la maniobra es fácil porque el calado que marca la sonda es de más de 70 metros y hay espacio suficiente para que no nos estorben el resto de los barcos. Una vez allí, el barquero se dirige a recogernos y después de pagar 9 euros por persona en la entrada de la Gruta procedemos a entrar.
Lamentablemente el día no está claro y el efecto que habíamos disfrutado en nuestra anterior visita no es tan espectacular. A pesar de todo, para aquellos que era su primera vez les mereció la pena haber aprovechado la oportunidad y eso que es un recorrido muy breve porque las dimensiones de la Gruta no dan para más.
De la Gruta Azul proseguimos la circunvalación de la isla a motor y a cierta distancia de la costa porque el tiempo está bastante revuelto. Tal es así que debido al oleaje nos es imposible acercarnos a la Gruta Verde por lo que tras pasar al lado de Villa Malaparte y dejar atrás Marina Piccola emprendemos el trayecto hacia Sorrento.
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Desde este punto y con rumbo 18º sopla viento entre 12 y 16 nudos por lo que podemos hacer la travesía a vela; de hecho tras comprobar los datos del GPS, éste nos indica que probablemente hemos alcanzado la máxima velocidad a 11,5 nudos.
A la altura de Punta Campanella intentamos entablar comunicación con el puerto de Sorrento para solicitar amarre pero nos indican que no hay plaza. Analizando en la carta posibles alternativas comprobamos que las Marinas de la zona no tienen calado suficiente para nuestra embarcación. Hecho que podemos comprobar cuando hacemos una parada cerca de Marina della Obra (foto de la izquierda) para darnos un baño antes de llegar a destino.
Afortunadamente, Marina Piccola en Sorrento (ver foto aerea) está muy bien resguardada por lo que fondemos muy cerca de tierra soltando 4,5-5 metros de cable. El traslado a tierra en el dinghi, por tanto, se hace muy cómodo con lo que disfrutamos del resto del día con la mayor tranquilidad.
Antes de iniciar la visita, ya en el puerto, debido a la hora paramos para comer en uno de los restaurantes sin buscar demasiado. La jugada no nos sale mal porque el precio es adecuado y al menos contamos con unos ventiladores que disminuyen el enorme calor que hace. Tras reponer fuerzas mientras unos optan por quedarse en la playa, otro intrépido viajero y yo nos decidimos a visitar la localidad.
El gran inconveniente de Sorrento es que el centro está un alto y el llegar hasta allí desde Marina Piccola supone una buena caminata. Afortunadamente está bien comunicada por transporte público así que subimos en bus - precio 1 euro/persona - hasta Piazza Tasso.
Con tiempo por delante nos tomamos la jornada con tranquilidad, disfrutando de cada pausa en la terraza que se tercie para dar buena cuenta de un café o una cerveza. En primer lugar decidimos hacer antes de nada los deberes y buscar un sitio para cenar por la noche; con la ayuda de la información que había recopilado probamos en Il Parruchiano con éxito y conseguimos reservar mesa.
Callejeando por la zona monumental descubrimos lugares que desconocía por no haber llegado a verlos en mi anterior viaje. Llegamos hasta el mirador que se ubica encima de Marina Grande y desde donde se disfruta de unas bonitas vistas del litoral. De allí nos dirigimos hacía via San Francesco para ver el Claustro de San Francesco y el bonito parque que se encuentra también justo encima de Marina de San Francesco. En via San Cesareo y callejuelas adyacentes disfrutamos de la arquitectura y personalmente me llevo la imagen más positiva del viaje porque no me imaginaba que Sorrento estuviese tan cuidado y hubiese tanto que ver.
Avanzada la tarde quedamos con el resto de la gente para dar otro paseo por el centro hasta la hora de cenar. Para culminar el día Il Parruchiano resulta ser una elección estupenda, disfrutando de la comida en medio del patio-jardín del local y además a buen precio (20 euros/persona), finalizando la jornada con un helado y el paseo de vuelta andando hasta Marina Piccola disfrutando tal y como se puede apreciar en la foto de la vista nocturna.
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C/ Singladura: Sorrento - Agrópoli
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A pesar de los miedos de más de uno, tras pasar una noche muy tranquila amanecemos tal y como nos habíamos acostado en Marina Piccola. El agua en la zona en la que estamos fondeados está tranquila y se ve perfectamente el fondo por lo que más de uno, antes de desayunar, inaugura el día con el primer chapuzón.
El izado de ancla no ofrece problemas y a los 08.30, como no, a motor salimos del puerto. La intención es dirigirnos a Positano, fondear en una boya y comer en tierra. Y así procedemos. Con absoluta comodidad llegamos a la localidad y al poco rato una barca-taxi nos indica a que boya nos tenemos que amarrar para a continuación llevarnos a tierra.
Ya en tierra, algunos optan por quedarse en la playa y otros, en los que me incluyo, tras darse un chapuzón, en descansar en una terraza acompañados de una cerveza para a continuación dar una vuelta por Positano. Conviene mencionar que Positano es un pueblecito turístico y pintoresco pero que carece del menor interés monumental. La localidad se visita en poco tiempo y nuestro plan pasa por subir hasta lo alto, cerca de la carretera que lo une con las localidades limítrofes, para disfrutar de las vistas desde tierra y callejear un poco por via de Mulini.
Una vez hecho esto, previamente habíamos fijado una hora para comer, nos reunimos con el resto y en la propia Spiaggia Grande elegimos el restaurante en base a la posibilidad de fumar y el aire acondicionado. Como nos queda un buen trecho hasta Agrópoli no nos demoramos demasiado con la sobremesa y a las 14.40 horas salimos nuevamente con un maravilloso viento que entra por popa a más de 10 nudos.
Desafortunadamente al virar en la costa y poner rumbo 119º en dirección a Agropoli, el viento amaina hasta caer totalmente por lo que nos vemos obligados a encender de nuevo el motor realizando totalmente el regreso en esas condiciones tras corregir el rumbo a 123º y llegando a Agropoli a las 16.45 horas. Evidentemente, antes de amarrar en el pantalán hacemos escala en la estación de gas para llenar el depósito de la embarcación ya que nuestra experiencia a bordo está llegando a su fin.
Desde el momento que atracamos cada uno distribuye el tiempo a su manera siendo la opción más seguida la de permanecer en cubierta esperando la cena en el barco degustando la penúltima cerveza. Tras alguna compra necesaria y los preparativos obligatorios procedemos a darnos el último homenaje a bordo dando buena cuenta de las provisiones que todavía nos quedan.
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C/ Singladura: Agrópoli - Nápoles
Acostumbrados a la vida a bordo de toda la semana, pese a no tener excesiva prisa, acabamos levantándonos bastante temprano, con lo que tenemos tiempo de sobra para desayunar, preparar el equipaje y dejar la embarcación tal y como la habíamos recibido.
Puntualmente, el microbus que tiene que trasladarnos a Nápoles pasa a recogernos por el pantalán. Iniciamos el viaje por el mismo trayecto de la ida y como nos temíamos el tráfico ralentiza el regreso. Entre eso, una parada técnica para fumar un cigarrillo y el absoluto desconocimiento de la ubicación del hotel - paradójicamente tuve que guiarlo personalmente yo por Nápoles - llegamos bastante tarde al hotel, prácticamente ya a la hora de comer.
Una vez ubicados en nuestras habitaciones y deshecho el equipaje, sin más demora, nos citamos en recepción para decidir donde comer. A esa altura los ánimos y las fuerzas son bastante escasas, por lo que el grupo en pleno, a excepción mía, opta por comer en la piscina y dedicar el resto de la tarde a descansar.
Sin quorum que se aventure conmigo a visitar la ciudad inicio sólo la jornada para intentar conocer algo más de Nápoles que lo visto en mi último viaje. Desde el hotel, al lado del Castel dell´Ovo inicio el recorrido con la intención de llegar a Capodimonte. Desde Posillipo subo hacia la Piazza del Plebiscito y la Piazza de Trieste y Trento, que dejo atrás por resultarme ya conocidas al igual que los monumentos que albergan.
Subo por Vía Toledo, con parada obligatoria delante de una de las pintorescas callejuelas de los Quartieri Spagnoli, y cerca de Piazza Dante, debido a la hora, cambio de planes desviándome por Port´Alba y entrando en Spacanapoli. El hambre se empieza hacer notar por lo que hago un alto en el camino y en Piazza Bellini, en la terraza de Intra Moenia, un café literario muy agradable, me pido unas bruschetas y una cerveza.
A continuación, dejando atrás la capilla de Sansevero me dispongo a hacer la primera visita entrando en San Lorenzo Maggiore. Visita de pago pero bien amortizada, ya que además del Claustro y las diversas capillas, bajo hasta las criptas sobre las que se ha erigido la iglesia, que a esa hora y con los más de 35º que marca el termómetro se agradece enormemente.
Desde ahí y por la calle con más renombre de la zona histórica, via Tribunali, llego hasta via Duomo para acceder al Duomo de la ciudad, que alberga las reliquias de San Genaro. La entrada es gratis y aparte de visitar el lugar donde se encuentran los restos del santo se pueden ver varias capillas con unos bonitos mosaicos. No se permite hacer fotografías.
Desde el Duomo subo en dirección al Castel Capuano, el tercer castillo de la ciudad y que todavía no había visto, y en Porta Capuona inicio el camino de vuelta. Desde allí, Piazza Garibaldi está cerca y uno se sale de la zona monumental. La siguiente parada es la Piazzeta Nilo, donde además de la estatua helenística del símbolo de la ciudad se encuentra San´t Angelo a Nilo.
Muy cerca, en Piazza de Gesú Nuovo se ubica un enclave monumental donde se puede visitar la Iglesia de Gesú Nuovo, Santa Chiara y ver la Guglia dell´Inmmacolata. Y casi sin darme cuenta he consumido la tarde por lo que procedo a regresar al hotel, no sin antes hacer una parada en el café Gambrinus para reponer fuerzas.
Una vez en el hotel, tras un pequeño descanso y una ducha, me reuno con el resto para tomar algo y buscar un local donde cenar. La elección es una terraza en el Borgo Marinari a base de pescado y relativamente aislados del bullicio. Sin fuerzas para más, a pesar del intento de tomar una copa, nos retiramos a descansar al hotel y damos por finalizada la jornada.
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C/ Singladura: Nápoles - La Coruña
Último día de nuestras vacaciones. Después de dormir la primera noche en tierra, ya más descansados, nos disponemos para levantamos a las ocho de la mañana y poder así desayunar con el primer tripulante que nos abandona, ya que su vuelo sale a las diez de la mañana. Aún adormecidos intercambiamos las últimas experiencias en el comedor del hotel con las prometidas vistas al Castillo mientras reponemos fuerzas con un desayuno correcto pero sin alardes.
No obstante, tras el desayuno, la mayoría prefiere seguir descansando en la habitación antes de dar un paseo por Nápoles. Yo, por mi parte, aprovecho para conectarme a internet, revisar las noticias de esta última semana en la que hemos estado un poco aíslados y de paso intentar obtener los billetes electrónicos para el avión de vuelta. Compruebo al entrar en la web de Iberia que desde Capodicino no está activada esta opción por lo que no nos quedará más remedio que hacer este trámite en el propio aeropuerto.
A media mañana nos reunimos unos cuantos en el lobby del hotel para dirigirnos andando a Spacanapoli y visitar el Cristo Velatto de Sanmartino. Una vez llegamos a la puerta del museo nos damos cuenta que el trayecto recorrido nos ha llevado nuestro tiempo por lo que nos hemos dado una buena caminata. Desde la última vez que habíamos estado allí el precio ha subido un euro por persona y por tanto la entrada cuesta seis euros, que resulta caro para lo poco que ofrece la visita. A excepción de admirar las tres esculturas expuestas poco más se puede hacer.
Emprendemos la vuelta y mientras el resto del personal opta por regresar al hotel debido al sofocante calor a esas alturas de agosto, yo decido hacer algo de turismo y procurar visitar algún punto de interés adicional en la ciudad. Desde Vía Toledo me dirigo por detrás de la Galleria Umberto hacía el Castel Nuovo. Allí en la Piazza del Municipio se observa perfectamente la planta del castillo y aunque está cerrado al público la visita no desmerece porque también se obtiene otra panorámica de la ciudad. Sin tiempo para más me dirijo nuevamente al hotel para preparar las cosas e iniciar el desplazamiento al aeropuerto.
El personal del hotel nos pide un par de taxis que nos recogen a la puerta y nos llevan hasta Capodicino en poco tiempo al no haber casi tráfico. Como las instalaciones del aeropuerto son reducidas la espera se hace un tanto incómoda mientras esperamos la salida del avión que afortunadamente despega en hora.
Ya en Madrid no nos queda más remedio que esperar por el enlace a La Coruña, que también sale puntualmente dando por terminado el viaje a la hora que habíamos estimado en un principio.
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